XIII Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (San Salvador de Jujuy, junio de 2006)


"Globalizantes y globalizados. Consideraciones acerca de las relaciones entre ambos actores del proceso actual de reestructuración capitalista"*



Lic. Teodoro V. Blanco (UBA)
E-mail: teodorovblanco@yahoo.com.ar

Laura Alori (UBA)
E-mail: alori@fullzero.com.ar

* Ponencia presentada en el marco del VI Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo "Ideas, actores sociales y papel del Estado en los cambios de paradigma de desarrollo" (San Salvador de Jujuy, 8 y 9 de junio de 2006)

1- Introducción

El propósito de este trabajo es hacer un aporte al debate cada vez más urgente en torno a las posibilidades de desarrollo de la Argentina. Cuestión que consideramos crítica a la luz de nuestra experiencia histórica que, a lo largo de dos siglos de intentos – algunos relativamente exitosos, pero en definitiva insuficientes y otros condenados al fracaso desde su inicio –; nos sitúan en el presente en condiciones precarias y de creciente vulnerabilidad de cara al futuro.
Nuestra hipótesis principal inicial podría expresarse en los siguientes términos: Argentina es un país que en términos de la “la larga duración” tiene, al igual que otros, un origen colonial expoliador reciente, a la vez que características estructurales que son peculiares. Sus sucesivas elites gobernantes han actuado sin la idoneidad imprescindible para ser consideradas tales. Lo cual se debe a su oportunismo sectorial y a su ignorancia teórica y empírica con respecto al propio país y al contexto internacional. Éxitos parciales como los de la Generación del Ochenta o la Burguesía Nacional de Perón y Frondizi, sin embargo, le han dado las bases para que todavía pueda considerárselo con capacidad de competitividad para aspirar a un nivel de desarrollo compatible con la categoría de país intermedio.
Desde el punto de vista metodológico y teniendo en cuenta la extensión pautada de las ponencias, nuestra argumentación será breve y acotada. Nos referiremos a los procesos de estructuración capitalista, poniendo el acento en el actual, denominado comúnmente como “Globalización”; en la incertidumbre teórica de las Relaciones Internacionales, y criticaremos en particular al Derecho, en cuanto recurso que puede favorecer a los países globalizados.

2- Los procesos de estructuración capitalista

Hablamos de procesos de estructuración capitalista porque desde la primera revolución industrial el capitalismo se ha convertido, a través de diferentes etapas, en el paradigma universal en materia económica. A la vez, ha ido condicionando a otros aspectos de las relaciones sociales como la política y la cultura, subsumiéndolos al economicismo. Un ejemplo simple y evidente sería la difusión del idioma inglés (el 47% de la población de Europa Occidental habla ese idioma y en todo el mundo es obligado para la comunicación entre los sectores científicos y profesionales. Incluso hay una jerga anglofóna que es intercalada en las exposiciones aún vulgares del idioma natal. En cada etapa, además, se fueron instalando crecientemente modas y costumbres anglosajonas en la vida cotidiana..
Pero el mayor impacto del economicismo se ha dado en el plano valorativo de las relaciones humanas. Desde sus orígenes, el liberalismo capitalista predicará con gran aceptación los valores del egoísmo y el individualismo, como sustento del progreso del progreso y el desarrollo, afirmando que esta nueva forma de conciencia – subjetiva – basada en el darwinismo social, en definitiva significaría ventajoso para el conjunto de los individuos, incluso de los menos dotados por la naturaleza. La ciencia, pues, reemplaza paulatinamente a las viejas religiones (de las que puede decirse que pese a sus postulados antropológicos más equilibrados e inclusivos, en la práctica era poco lo que habían hecho para mejorar la condición humana).
En palabras de Robert H. Nelson, “los economistas se consideran científicos (...) pero son más bien teólogos. Los predecesores de los miembros actuales de economistas no son científicos como (...) Newton o Einstein. Antes bien, los economistas somos los herederos de Tomás de Aquino y de Martín Lutero” (Nelson, 2001: 23). El autor continúa afirmando el papel metafísico antes que científico de los economistas: “ antes que ser técnicos sin valoraciones subjetivas, los miembros de las escuelas desde Adam Smith han sido los sacerdotes más influyentes de la era moderna” (Nelson, 2001: 26). Continúa criticando el paradigma del mercado en los términos abundantemente conocidos, es decir, que los intereses indivualistas no generan beneficios para el conjunto social y que la mano invisible no es otra cosa que una falacia demostrada históricamente.
En otro lugar, hace un planteo que aunque conocido en su intención, citamos en sus términos que nos parecen un aporte del autor por su construcción literaria: “(...) inclusive si una ciencia verdadera de la sociedad fuera posible no sería deseable. Un individuo cuyo comportamiento es previsible en forma perfecta y científica no es un verdadero ser humano” (Nelson, 2001: p. 47).
Esta circunstanciada lectura de un autor tan prestigioso, pese a que debemos señalar su desconcierto implícito con respecto a la verdad del conocimiento, nos sirve para reflexionar sobre el proceso actual de reestructuración capitalista, conocido vulgar y provisoriamente, como Globalización [1]

3- La Globalización

Si bien otra etapa – la presente – de los procesos de reestructuración capitalista, presenta por eso mismo cambios y continuidades; que – aún no definidos – la tiñe de incertidumbre. De momento es todavía un lugar común en la discusión política y teórica, en la que concurren varias líneas interpretativas reflejo de multitud de intereses y de tradiciones. En términos antitéticos, para unos es la culminación del Imperio y para otros el prólogo de la Anarquía. Para unos y otros también, es el comienzo de una Edad Dorada o de una Edad Oscura. Los seres humanos, dado su carácter imprevisible, suelen oscilar – aún en el marco de sus convicciones – en aporías.
Desde nuestra perspectiva, cuyo supuesto básico subyacente es el optimismo presente en el pensamiento clásico y persistente en el moderno, optamos por ver a la globalización como un espacio todavía abierto a la pluralidad. Por eso rechazamos una globalización sesgada por el economicismo, causa principal de las guerras, la explotación de los más débiles, del deterioro cada vez mayor del medio ambiente...
Desde la perspectiva neoliberal, que en cuanto fundamentalista y por lo tanto ilógica, se sostiene la inevitabilidad de sus postulados. De allí su pretensión de pensamiento único (el fin de la historia, es decir de la imprevisibilidad humana) y la hegemonía de un supuesto desarrollo objetivo y progresivo de la tecnología, que hermana al neoliberalismo con su supuesto antagónico, el marxismo.


4- El Derecho: una alternativa.

La apremiante necesidad de superar la actual y creciente brecha entre el Norte y el Sur nos incita a explorar nuevos caminos desde nuestra posición de países débiles (globalizados). ¿ Puede el Derecho ser una alternativa? Pensamos que si, en la medida en que, teniendo en cuenta las características del actual proceso de reestructuración capitalista, que por su escala tecnológica ha abierto espacios – aunque menores – podrían ser usados para limitar la hegemonía economicista neoliberal. Más aun cuando muchos de ellos provienen de la misma matriz liberal clásica, como la libertad, la igualdad de oportunidades, la democracia...
Los medios de comunicaciones, por su parte, han acercado, relacionado, al conjunto planetario. El formidable y hasta ahora incontrolable fenómeno de la informática, permite el acceso a una comunicación plural entre todos los lugares del planeta. Conocerse es el primer paso para relacionarse; se teme a lo desconocido, pero se negocia con lo conocido.
A su vez, la misma globalización economicista, ha impulsado nuevos escenarios como las alianzas regionales, el accionar de empresas transnacionales, el surgimiento de foros y pactos para tratar la competencia comercial, regular las finanzas, y – en el polo opuesto – el desarrollo de organizaciones también mundiales, que defienden el medio ambiente, los derechos humanos y los derechos de los pueblos, para mencionar algunos casos.
¿Qué es el Derecho? Así con mayúscula. La respuesta más simple es que se trata de la institución que reúne el corpus de las normas jurídicas que regulan las relaciones sociales en su más amplio espectro y que cuenta con la capacidad de coacción suficiente para imponerse a las partes en litigio.
Aquí se presenta otro problema que nos remite nuevamente a las Relaciones Internacionales. Es nuestra posición que ninguna de las dos corrientes clásicas y sus derivadas al respecto, pueden continuar sosteniendo en el presente las argumentaciones que las han calificado como antagónicas. Recurriendo a la Historiografía (otra herramienta insoslayable en el análisis político), se podría afirmar que el siglo XXI se parece menos al XIX, que éste al XVII. Dos indicadores: a) el cambio en el papel del Estado; b) la transculturalización. Ambos nos llevan a nuevas formas del Derecho.


Hace ya años, el eminente jurista alemán, Helmut Schelsky, reconocido como maestro a nivel internacional en su disciplina, planteaba en un ensayo un concepto que querríamos rescatar y aplicar en la medida de lo posible a nuestra cuestión: “La lucha por el Derecho”. (Schelsky, 1967: pp.44 a 65). Su universo de análisis no era el campo internacional sino las instituciones nacionales, más específicamente las alemanas. La versión original, se remonta a 1949, es decir muy alejada de nuestra problemática de la globalización. Y su planteo era dialogar, no antagonizar, con el concepto de “Lucha de Clases”. En su visión, en ambas posturas está presente el ejercicio del poder y en nuestra interpretación el grado de poder que pueden ejercer en el plano internacional los países periféricos como el nuestro.

Veamos ahora algunos antecedentes a propósito del desarrollo en el derecho internacional. Pero comencemos por aclarar la dificultad teórica – otra vez, aunque con otras palabras – que generan esas dos visiones: la hegeliana y la kantiana. En efecto, ambas son filosofías de la historia que condicionan ideológicamente, es decir al servicio de intereses sectoriales, al sustrato cultural de las sociedades, en nuestro caso al Derecho, y coinciden en la justificación, por diferentes vías argumentativas, de un mismo interés, el imperialista. Abundan las pruebas históricas que demuestran que la razón de estado y la supremacía moral, se conjugan a la hora de imponer la concepción imperial.
La caracterización ya explicitada de la actual etapa de globalización, abre – a nuestro entender – una brecha en este discurso – el verdadero pensamiento único – que permitiría a los países débiles aprovecharla en su beneficio. La misma necesidad imperial de ordenar el planeta la ha llevado a introducir al Derecho en su panoplia, porque la insoslayable experiencia histórica enseña que no se puede sostener prolongadamente la dominación por el sólo accionar de la coerción militar; es imprescindible generar algún tipo de consenso social, para transformar el poder en autoridad. De allí la secuela en aumento y diversidad de organizaciones, que a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, se han ido creando en el ámbito interestatal como en el “no gubernamental”, y que pese a sus deficiencias brindan nuevas posibilidades a los países débiles. Puesto que su objetivo es someterlos, se los incluye y al hacerlo hay que negociar.



5- Consideraciones finales.

Aún desde lo más clásico de la Real Politik, tan denostada como incomprendida por los intelectuales dependientes de las superficialidades de moda, nos permitimos reafirmar los dichos expuestos. El príncipe de Talleyrand, paradigma del diplomático, con diez siglos de aristocracia sobre sus espaldas apenas sostenidas por una pierna coja, que traicionó a su Rey, votó su asesinato en la Asamblea Revolucionaria, para luego convertirse en Ministro de Bonaparte, al que también traicionó, sin embargo, nuevamente monárquico, salvó a Francia de la derrota en el Congreso de Viena, recurriendo al principio de legitimidad y cooptando a los países pequeños.
La historia es maestra de vida para el que quiere escucharla. Tratemos pues, de comprender las sutilezas de la etapa actual e indaguemos en esa brecha del pensamiento imperial contemporáneo, en busca de los lugares que podamos aprovechar en favor de nuestros intereses nacionales. El Derecho Internacional es uno, no el más importante probablemente, pero no por eso despreciable.



Bibliografía

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· HELD, D.: McGREW, A.: GLODBLATT. D: and PERRATON. J.: Global Transformations: Politics, Economics and Culture, Polity Press, Cambridge, 1999.
· HELD. D.: La democracia y el orden global, Barcelona, Paidós, 1998.
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· SCHELSKY, HELMUT Acerca de la estabilidad de las instituciones, en El Hombre en la civilización científica y otros ensayos, Sur, Buenos Aires, 1967.



Notas

[1] Un texto excelente sobre este tema, especialmente para el año inicial de las carreras de grado universitarias, es el de Cristina Lucchini y Juan Bubello, Economía, sociedad y formas de organización del trabajo en el siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2005.