XII Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (Buenos Aires, junio 2005)




Imágenes del Canadá. Visiones de la clase dirigente argentina en el período de entreguerras: Duhau, Prebisch, Leguizamón.*

Prof. Gustavo A. Pontoriero (CBC-UBA)

E-mail: gpontoriero@yahoo.com.ar


*Ponencia presentada en el marco del V Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo "Hechos e ideas en una primera aproximación comparativa a propósito del desarrollo de tres países medianos: Argentina, Australia y Canadá".


1- Introducción

En comunicaciones anteriores[1] hemos revisado, en general, la influencia del modelo canadiense en diversos proyectos de reforma a la legislación argentina sobre almacenaje y comercialización de granos, elaborados en las primeras décadas del siglo XX. En esta ponencia profundizamos su impacto sobre la élite dirigente argentina a partir de las impresiones de algunas figuras relevantes que visitaron el Canadá en la primera mitad del siglo XX, impulsando su conocimiento en la Argentina y proponiendo la adaptación de algunos aspectos de su organización económica e institucional. En este avance de la investigación, presentamos los aportes de Luis Duhau, Raúl Prebisch y Guillermo Leguizamón, quienes recorrieron el Canadá en 1927 y trabajaron ampliamente para difundir sus avances tanto en el campo como en el sector industrial. Ellos destacaron el papel del Estado en el ordenamiento legal de la comercialización de cereales, los beneficios de una red de elevadores de granos concebida como servicio público y el aumento de la productividad agrícola como requisito para el desarrollo industrial.

Luis Antonio Duhau había nacido en Buenos Aires en 1887, donde falleció el 9 de abril de1963. Obtuvo su título de Ingeniero Civil por la Universidad de Buenos Aires, desarrollando en esa etapa una amplia actividad deportiva, social y dirigencial. Socio del Círculo de Armas y del Jockey Club, miembro de una de las familias más poderosas de la élite terrateniente, propietaria de tierras en los partidos de Colón, Guaminí, Dolores y Gral. Conesa, con más de 110.000 ha., su propia actividad ganadera lo llevó a la presidencia de la Sociedad Rural Argentina durante el período 1926-1928. En 1927 fue designado miembro del Directorio del Banco de la Nación Argentina y ese mismo año visitó Canadá junto a Raúl Prebisch. Dirigente conservador de la provincia de Buenos Aires, tuvo un fuerte protagonismo en la reorganización de la Federación Demócrata Nacional luego del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. Electo diputado en 1932, fue designado Ministro de Agricultura durante el gobierno del Gral. Agustín P. Justo, entre 1933 y 1935. Luego de los debates por el negocio de las carnes y el escándalo provocado por el asesinato del senador electo Enzo Bordabehere, en el cual se vio directamente involucrado, dejó su cargo y volvió a la actividad privada. Ocupó más tarde la presidencia de la Asociación Argentina Criadores de Shorthorn, entre 1939 y 1941. Activo deportista, como dato curioso, integró a principios de siglo un famoso equipo de fútbol (Estudiantes de Buenos Aires) y el primer equipo de rugby formado por argentinos nativos (Facultad de Ingeniería). En 1958, fundó la Agrupación Veteranos de Rugby de la República Argentina junto a Hernán Davel, Carlos Morea, George F. Elliott y Manuel Fresco, entre otros.

Raúl Federico Prebisch había nacido en Tucumán en 1901 y falleció en Santiago de Chile en 1986. Alcanzó su título de Contador Público en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, fue docente en ella y en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, colaborador de la Revista Argentina de Economía editada por el ing. Alejandro Bunge y director de la Oficina de Estadística de la Sociedad Rural Argentina (1922). Becado por el gobierno de Marcelo T. de Alvear para una investigación sobre la realidad económica de Australia y Nueva Zelanda (1923-1924). En su dilatada carrera en la función pública ocupó numerosos cargos: subdirector de Estadística de la Nación, Director de la Oficina de Investigaciones Económicas del Banco de la Nación Argentina (1927), Subsecretario de Hacienda durante el gobierno del Gral. Uriburu (1930), miembro de la delegación argentina ante la Conferencia Económica Mundial de Londres (1933), asesor técnico de la misión argentina que negoció el Tratado Roca-Runciman (1933), asesor de los ministros de Hacienda y Agricultura (1933-1935), gerente general del Banco Central de la República Argentina (1935-1943). Luego del golpe del 4 de junio de 1943, continuó su carrera en organismos internacionales como la CEPAL y la UNCTAD. Retornó brevemente al escenario político argentino en dos ocasiones: asesorando al gobierno de la "Revolución Libertadora", en 1955-1956, y al de Raúl Alfonsín, en 1984-1985.

Guillermo Eduardo Leguizamón, ingeniero, era un conservador catamarqueño, notorio miembro de los grupos económicos y financieros vinculados al capital británico. Fue presidente del Ferrocarril del Oeste y en 1927 visitó los Estados Unidos y el Canadá junto a directivos de la compañía. Al regreso fue designado por el presidente Marcelo T. de Alver y su ministro de Agricultura Emilio Mihura al frente de la Comisión Especial del Régimen de Elevadores de Granos (1928). El informe que produjo recomendaba ampliamente la adaptación del sistema canadiense y fue la base de las reformas legislativas de la década del treinta, impulsadas y aplicadas por Luis Duhau y Miguel Ángel Cárcano. Precisamente con este último compartieron meses de trabajo como ministros plenipotenciarios de la Misión Roca (1933), así como con Raúl Prebisch en su rol de asesor técnico. Publicó varios artículos sobre la cuestión de los elevadores, el modelo canadiense y la situación del comercio mundial de granos, entre 1927 y 1932.


2- Las visiones de Luis Duhau y Raúl Prebisch

A fines de 1926 la Comisión Directiva de la Sociedad Rural Argentina llevó a cabo su última reunión ordinaria[2]. En esa ocasión, su secretario, el Dr. Cárcano[3] comunicó la invitación cursada por la Unión Panamericana para participar de su Tercera Conferencia Comercial. La misma se realizaría en los Estados Unidos entre el 2 y el 5 de mayo de 1927.

Aunque en principio los dirigentes habían pensado enviar a un representante de segunda línea, los graves problemas planteados por la política arancelaria norteamericana para las exportaciones de carnes, maíz, semilla de alfalfa, lino y frutas, impulsaron un cambio de estrategia. El propio presidente de la SRA, el Ingeniero Luis Antonio Duhau, viajaría al país del norte para presentar los reclamos del sector ante distintas instancias. Luego de la gira por los Estados Unidos, preveía "visitar el Canadá y estudiar sobre el terreno la organización del comercio de cereales y de los pools canadienses"[4]. Entre enero y marzo de 1927, Duhau realizó consultas con el ingeniero Alejandro Bunge y el propio Cárcano, pero finalmente le encargó a Raúl Prebisch la redacción de una serie de informes con fuerte base estadística. Éste se había desempeñado como asesor de la Sociedad Rural a principios de la década y había retornado bajo la gestión de Duhau, integrando distintas subcomisiones como la de Estadística (junto a Cárcano, Bunge y Ernesto Malaccorto), la de Comercio de Carnes al Exterior (con el vicepresidente de la SRA, Eduardo Drabble y Jorge Santamarina) y la Comisión de Defensa de la Producción (compuesta por el Dr. Enrique Uriburu, Bunge, Cárcano, Luis Colombo y Alberto Hueyo, entre otros).

El 9 de abril de 1927, ambos se embarcaron hacia los Estados Unidos uniéndose al resto de la misión argentina: Carlos Marino, secretario de la Delegación; Manuel G. Durand, representante del gobierno de Alvear; Juan A. Briano[5], miembro de la Comisión del Ferrocarril Panamericano; Gonzalo O'Neill y Juan E. Capurro, por la Cámara Sindical de Comercio; R.L MacLellan, por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina; y Carlos Alfredo Tornquist, representante de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Confederación Argentina del Comercio, la Industria y la Producción (CACIP).

El lunes 2 de mayo, se iniciaron las sesiones en el edificio de la Unión Panamericana, en Washington, y Duhau fue elegido presidente de la Delegación argentina por el voto unánime de sus miembros. Durante el desarrollo de los debates, la postura argentina debió enfrentar las críticas del Secretario de Comercio norteamericano Herbert Hoover. Al día siguiente, Duhau expuso sobre "Inversiones de capitales extranjeros en la República Argentina": "Desde la guerra, los Estados Unidos han adquirido gran importancia como país acreedor. La República Argentina, por su parte, ha contratado en ellos empréstitos de carácter público y privado. Pero para abonar sus servicios financieros, no podemos enviar nuestros productos al mercado de la Unión, en razón de los fuertes derechos aduaneros que dificultan e impiden su entrada. (...) En virtud de tales hechos, no nos conviene fomentar las inversiones en la República Argentina, de capitales de aquellos países que gravan fuertemente las importaciones de productos argentinos"[6].

Ya en el Canadá, Duhau y Prebisch permanecieron varios días, durante el mes de junio, relevando datos sobre el terreno. Trabajaron en Winnipeg (Manitoba) y Regina (Saskatchewan) analizando el sistema de comercialización de granos. Ambos se deslumbraron ante el espectáculo de las praderas y la puesta en práctica de algunas ideas que en la Argentina se venían discutiendo desde fines del siglo XIX: "Los canadienses han colonizado eficazmente buena parte de sus enormes extensiones de tierras, han organizado el crédito agrícola, han establecido el comercio de cereales sobre bases económicas y eficientes. Y han hecho todo eso que nosotros tenemos en grado rudimentario o no tenemos, sin mayor efervescencia doctrinaria; como que la literatura de aquel gran país, sobre estos asuntos, es probablemente muy inferior a la nuestra, aunque su eficacia práctica no admite parangón"[7].

Prebisch revivió aquel viaje durante una entrevista realizada casi sesenta años después: "Recuerdo que primero visitamos el 'Wheat Exchange' en Winnipeg. Un viejito nos repetía insistentemente: 'Tienen que empezar a clasificar sus granos'. Después fuimos a Regina, Saskatchewan. (...) Vimos cómo clasificaban la calidad del grano en el elevador, y cómo ponían las muestras en pequeños contenedores. Y sobre la base de esto y del certificado dado al granjero por el elevador de campo, el granjero podía vender en Winnipeg. Así que había competencia en el mercado. El 'margen de intermediación' estaba sujeto a la competencia. Esto, para nosotros, era el factor principal: la organización interna del comercio del trigo, para evitar la arbitrariedad del comprador local"[8].

Poco después, Duhau telegrafió para comunicar su regreso en el vapor American Legion, anticipando su deseo de difundir el modelo canadiense a través de conferencias, folletos, películas y exposiciones [9].

El 11 de julio, la Sociedad Rural ofreció un banquete en el Plaza Hotel para recibir y homenajear a su presidente. La flor y nata de la élite argentina estaba presente aquella noche junto a representantes de la embajada norteamericana. Presidía el ex - ministro y ex - presidente de la entidad, Ezequiel Ramos Mexía, y fue Miguel Ángel Cárcano el encargado de reseñar la gira de Duhau.
Éste, por su parte, reconoció públicamente la colaboración de Prebisch y afirmó la posibilidad de buscar en el sistema canadiense una inspiración para las reformas necesarias en la Argentina: "El sistema de elevadores de granos de este país no sólo ha reducido el costo del movimiento de los cereales, sino que ha permitido establecer sobre mejores bases el crédito bancario. Pero la mayor ventaja del sistema estriba, sin duda alguna, en que ha contribuido a organizar un mercado en que la libre competencia obra sin fricciones y en forma activísima. Tenemos en este sentido, un largo camino a recorrer. Sin embargo, estos problemas no son nuevos para nosotros. Ya, en 1912 el entonces Ministro de Agricultura, Doctor Ramos Mejía, presentó su elaborado plan de construcción de elevadores. Pero nuestra despreocupación malogró esta progresista iniciativa. Como aquélla otra posterior del Dr. Le Breton sobre el comercio de cereales "[10].

Poco después, en la primera sesión de Comisión Directiva, los líderes de la Sociedad Rural recibieron un completo informe de la visita. Duhau manifestó que "venía entusiasmado de su viaje al Canadá pero que, sin embargo, no había visto nada científico sobre los 'Pools'. Que éstos están hechos más bien como consecuencia de la gran guerra que echó abajo los precios del trigo. Entonces fue cuando se pidió el establecimiento de los 'Pools'. Estos actualmente no están basados en ningún estudio. Todos han creído que el 'pool' subió el valor del trigo. Lo que ocurrió, en realidad, fue que coincidió su establecimiento con una mejora de precios. Mucho más importante que el 'pool' es la organización técnica del comercio de cereales, que es interesantísima para la República Argentina: desde la administración, peso del cereal, tarifa que cobran los elevadores, mercado a término en las operaciones en grano, crédito, etc. Un molinero de Inglaterra que compra en el Canadá recibe del comisionista el cupón y los certificados y el empleado del Gobierno entrega su boleta de salida, combinando sus compras con el flete disponible. Lo maravilloso que tiene la organización referida es la Ley, una ley previsora. Las ventajas que tiene son de una organización fundamental en el crédito y en la competencia. El mercado es libre, el Estado con la Ley ha organizado nada más que el mercado y ha dejado el comercio libre. Pienso dar una conferencia sobre elevadores de granos, y en esa oportunidad abundaré en datos sobre la organización de los mismos en el Canadá"[11].

Dos semanas más tarde, el 7 de agosto de 1927, Duhau asistió a la inauguración de la 27ª Exposición Nacional de Ganadería de Rosario y cerró la serie de discursos con una arenga a favor de la modernización del sistema de almacenaje y comercialización de granos. "Cabe señalar en esta materia el esfuerzo que desarrolla actualmente la Sociedad Rural Argentina a favor del empleo de los métodos que están dando resultados tan satisfactorios en otros países. Canadá ha sido particularmente objeto de mi atención, en el viaje que acabo de realizar. Es realmente inconcebible que sistemas tan simples y tan perfectos no hayan aún sido aplicados a nuestro país. Allí se usa el sistema de elevadores de granos que elimina el empleo costoso de la bolsa, que reduce el costo del manejo del cereal, que permite limpiar y secar los granos a precios reducidos y, por último, los almacena en los puertos de embarque, adonde todos los consumidores del mundo recurren a comprarlos en activa competencia". (...) No es el caso de analizar, en esta circunstancia, las deficiencias de nuestra organización. Son harto conocidas de todos. Producimos cereales y no tenemos donde almacenarlos. Nos vemos precisados a entregarlos no bien se producen, a cualquier precio. Tiramos nuestra cosecha sobre el mostrador. Si los ferrocarriles nos otorgan wagones nuestro cereal no tiene defensa y debe ser embarcado en cuanto llega al puerto. Si no obtenemos material rodante los granos se pican y merman, cuando no se pudren en nuestras chacras. Por ello, la Sociedad Rural Argentina se ha dedicado al estudio de este importante problema y espera vuestra cooperación para su mejor solución"[12].

A fines de 1927, al presentarse la Memoria y Balance del Ejercicio 1926/1927, se reafirmó la importancia del tema elevadores. Bajo el título "Cuestiones Agrícolas - Comercialización de Cereales - Elevadores de Granos" se consignaron las palabras de Duhau en Rosario y se dio a conocer la designación del Dr. Enrique Uriburu[13] para encarar un "estudio de adaptación a nuestro país" que debía estar terminado para mediados de 1928. También se anunciaba la presentación de Duhau en una importante conferencia sobre su visita al Canadá, "en la que se exhibirán cintas cinematográficas sobre el funcionamiento de los elevadores de granos. Esas mismas cintas constituirán un eficaz instrumento de propaganda en nuestro país"[14].

El 8 de febrero de 1928, Duhau pronunció una extensa conferencia en el Salón de Actos de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Los invitados pudieron asistir a una verdadera clase magistral sobre el estilo de vida y el trabajo agrícola de los canadienses, mientras se proyectaban imágenes que ilustraban la cosecha, la utilización de maquinaria agrícola, la planificación de los servicios ferroviarios, el uso de elevadores de campaña y terminales, la clasificación de granos, la intervención de los inspectores gubernamentales, etc.

La Sociedad Rural publicó unos 40.000 cuadernillos de aquella conferencia, con la inclusión de fotos, los cuales fueron repartidos en forma gratuita entre los productores de todo el país. Hasta la misma Federación Agraria Argentina colaboró en la tarea de difusión proporcionando su propia lista de asociados en cuatrocientas seccionales. Las sociedades rurales del Interior, que contaban con ocho mil productores adheridos, facilitaron también la distribución del material[15].

En mayo de 1928, la Sociedad Rural organizó la V Exposición Nacional de Granja. Duhau no dejó pasar la oportunidad para reforzar su discurso sobre la necesidad de adaptar el modelo canadiense[16]. En la ocasión se presentaron varios stands dedicados al Canadá y su sistema de comercialización de granos. "En amplias y luminosas telas representando a un lado elevadores de granos de campaña, al otro trigales espigados y más allá el entrecruce de las vías férreas y el elevador terminal, convergiendo todo hacia el gran mercado de consumo. Se ofrecía un escenario de gran efecto, donde el espectador pudo seguir la marcha del grano, tal cual se comercia en el Dominio del Canadá, mediante letreros explicativos referentes al sistema preconizado"[17].

Durante los años treinta, Duhau tendría la oportunidad de impulsar e implementar varias de las ideas expuestas como miembro de la Comisión de Legislación Agraria de la Cámara de Diputados y luego como ministro de Agricultura.


3. Los aportes de Guillermo E. Leguizamón

El 9 de diciembre de 1927, se publicó en La Nación una breve reseña del viaje que Leguizamón realizara a los Estados Unidos y al Canadá junto a James Calder Angel, director del Ferrocarril del Oeste. La Revista de Economía Argentina recogió una serie de informes que Leguizamón redactara específicamente sobre el Canadá, los cuales constituyen, junto a su trabajo posterior como presidente de la "Comisión Especial sobre Elevadores de Granos", el principal aporte que hizo a la difusión de la realidad canadiense en la Argentina.

En el primero de dichos reportes[18], Leguizamón declaraba que el motivo principal del viaje al Canadá había sido estudiar sus políticas de inmigración y colonización, dado que el Ferrocarril del Oeste se había propuesto aumentar su tráfico de cargas, apoyando el desarrollo de granjas mixtas en el interior del país. Luego de presenciar y estudiar detenidamente la recolección de las cosechas de trigo y avena, los visitantes asistieron a los festejos del Jubileo de la Confederación y recorrieron la Exposición Nacional de Toronto.
Gracias al apoyo de las autoridades federales y provinciales, pudieron recoger "observaciones fundamentales, las que, evidencian fácilmente de por sí cuáles son los factores del maravilloso adelanto actual del Dominio"[19]. Tres factores decisivos encontraba Leguizamón en aquel despliegue fabuloso: las inversiones estadounidenses, el fuerte espíritu cooperativista y la concreción de un amplio plan de obras públicas: "El capital invertido durante sesenta años en los ferrocarriles argentinos es inferior a la mitad de lo invertido por los capitalistas norteamericanos y británicos durante los últimos cinco años en el Canadá"[20].

El papel del Estado fue destacado por Leguizamón al comentar la compra del Grand Trunk Railway y otras líneas secundarias luego de la Gran Guerra. Con el objetivo de evitar su quiebra, el Estado federal había convertido dichas compañías privadas en la estatal Canadian National Railways, utilizándola como palanca del desarrollo en varias regiones del interior, aunque impidiendo una competencia ruinosa con el capital privado. "Tanto el Canadian National como el Canadian Pacific están construyendo alrededor de diez mil kilómetros por año, aparte de haber levantado esas empresas los hoteles más grandes y lujosos"[21].

Como Duhau y Prebisch, también Leguizamón se deslumbró con el sistema de elevadores de granos que observó en el Canadá y se convenció definitivamente sobre la urgencia de adaptar el modelo a las necesidades argentinas. Si bien en este primer informe sólo parecía una declaración voluntarista, sus artículos y conferencias posteriores nos muestran cómo Leguizamón había estudiado el problema.

En un memorandum posterior, breve pero directo, advertía sobre la imperiosa necesidad de bajar los costos de producción de los cereales en la Argentina[22], como requisito básico para sostener la presión de los competidores canadienses en el mercado mundial. Atacando el sistema de bolsas utilizado en el país, Leguizamón proponía "la construcción de un tipo de pequeño Elevador de campaña, que hemos visto a través de todo el Canadá" en cada estación de zonas agrícolas, con una capacidad media cercana a las 1.000 toneladas. Advertía sobre la posible oposición entre los exportadores y los comerciantes de cereales locales, así como seguramente entre los fabricantes y comerciantes de bolsas.

Pero creía que tanto el Gobierno como las compañías ferroviarias y los productores apoyarían este plan, aunque estimaba que la principal cuestión sería determinar quién se haría cargo de su construcción y administración. Para Leguizamón, no existían dudas al respecto: "...deben ser obra del Gobierno Nacional, porque se establecerán dentro de las estaciones que están sometidas a la jurisdicción federal y constituyen un elemento del comercio interprovincial. Es claro que el Gobierno Nacional podrá contratar con empresas particulares su construcción y explotación, reservándose el derecho de establecer las reglamentaciones convenientes con respecto a clasificación, tarifas, etc. Pensamos que el mejor sistema de explotación sería sin duda el canadiense, creando un Board en el cual estén representados los productores, los ferrocarriles, los bancos y quizás los exportadores, presidido por un funcionario imparcial que designaría el Gobierno"[23].

Leguizamón tuvo contacto con funcionarios y dirigentes de primera línea, entre ellos el Ministro de Colonización e Inmigración, Mr. Forke; el Ministro de Comercio, James Malcolm; el ex -Ministro de Agricultura y Presidente de la United Producers Co., Thomas A. Crerar; y William Jackman, Director del Canadian Wheat Pool. Recorrió una extensa región, de Quebec a Vancouver, pasando por Toronto y Montreal, observando además las características del programa de colonización en los alrededores de Winnipeg, Regina y Calgary. Los resultados le parecieron excelentes e impulsó su adopción en la Argentina [24].

El 3 de agosto, ya como presidente de la Comisión Especial sobre Elevadores de Granos, se presentó en el Instituto Popular de Conferencias y expuso ampliamente sobre el modelo canadiense[25], ilustrando al auditorio con fotografías y filmaciones. Describió minuciosamente el sistema de la cosecha, manipulación, almacenaje y comercialización de granos, destacando el papel de los distintos sectores involucrados: cooperativas de productores, ferrocarriles, elevadores, bancos, organismos gubernamentales. Pero destacó fundamentalmente el papel del Pool triguero: "Esta asociación cuya eficiencia y capacidad financiera crece anualmente en forma casi fantástica, sólo tiene cinco años de existencia, y debe su origen a un ensayo realizado por el gobierno durante la última guerra europea, de vender todos los productos agrícolas directamente. (...) un organismo de cooperación digno del más encomiable aplauso. ¡Qué lejos están nuestros agricultores de alcanzar el grado de desarrollo de sus congéneres, situados en el extremo norte del mismo hemisferio, y sin embargo, no es imposible, ni siquiera difícil, realizar un esfuerzo igual! A esta conclusión llegan mis observaciones. El primer paso para ponernos en seguimiento de los agricultores canadienses es la construcción inmediata de elevadores, porque sin ellos no es posible alcanzar la cumbre"[26].

Como ya fue señalado, Leguizamón consideraba que sólo el Estado estaba en condiciones de encabezar la tarea de construir y administrar un sistema completo de elevadores terminales y de campaña, unas mil unidades en total con capacidad para almacenar casi dos millones de toneladas. Pero, a diferencia de posturas extremas que se plantearon en los debates parlamentarios de 1932-1933, Leguizamón rechazaba la idea del monopolio estatal y creía necesaria la participación del sector privado, sobre todo del movimiento cooperativo[27].

4- Conclusiones

Consideramos que en esta síntesis hemos reflejado la influencia que la realidad canadiense ejerció sobre algunos miembros de la élite dirigente argentina que desempeñaron un papel fundamental en las políticas económicas aplicadas en el período de entreguerras. Si bien estos cambios se impulsaban desde los primeras décadas del siglo XX, la acción de un grupo dirigente aceleró la transformación trabajando desde la difusión, el lobbying y la acción corporativa y política. Duhau, Prebisch y Leguizamón representan sólo una parte de ese grupo, aunque con un protagonismo especial, como hemos visto, por su actuación en distintos ámbitos y momentos claves de la política nacional. A ellos podría sumarse el ingeniero Ricardo Videla, agente del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, que visitó el Canadá y los Estados Unidos en 1921 con el objeto de estudiar sobre el terreno la organización del comercio de granos. Videla, miembro de la Comisión Especial sobre Elevadores de Granos presidida por Leguizamón, era un conservador mendocino, líder del Partido Demócrata y gobernador de esa provincia en los años treinta. Tanto su desempeño en el sector ferroviario como su conocimiento directo de los países de América del Norte fueron factores fundamentales que lo acercaron a Leguizamón. Nuestra investigación se propone incorporar su visión y sumar los aportes de dirigentes y funcionarios canadienses que visitaron la Argentina durante el mismo período.




Bibliografía

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Unión Panamericana (1927). Acta de la Tercera Conferencia Comercial Panamericana. Washington, Unión Panamericana.


Notas

[1] Pontoriero, 2004a y 2004b.
[2] Acta nº 1441 - Sesión de la Comisión Directiva del 18 de abril de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXI, vol. LXI, nº 10, 15 de mayo de 1927: 529).
[3] Miguel Ángel Cárcano (1889-1978). Nacido en Buenos Aires. Secretario de la Sociedad Rural Argentina (1926-1928). Socio del Círculo de Armas. Miembro de la Ac. Nac. de Cs. Económicas y de Agr. y Veterinaria. Abogado, historiador, diplomático y escritor, fue también hacendado con establecimientos situados en Córdoba. Titular de la cátedra de Régimen Agrario en la Fac. de Ciencias Económicas de la UBA, desarrolló una amplia producción sobre la materia. Participó en la vida política nacional, siendo elegido diputado por el Partido Demócrata Nacional (1929, 1932-1934). Representante en las sesiones preparatorias de Ginebra, en la Conferencia Económica Mundial de Londres (1933) y en la delegación que negoció el Tratado Roca-Runciman (1933). Presidente de la Comisión Negociadora del Convenio Arancelario con Gran Bretaña (1933). Sucedió a Duhau como Ministro de Agricultura y Ganadería (1935-1938). Frustrada su candidatura a vicepresidente para acompañar a Roberto Ortiz, se hizo cargo de las embajadas en Francia (1938-1942) y en Gran Bretaña (1942-1946). Presidente de la "Mala Real Argentina" (1951). Ministro de Relaciones Exteriores durante la presidencia de A. Frondizi.
[4] Acta nº 1441.
[5] Juan Ángel Briano, Ingeniero Civil (UBA), especializado en vías de comunicación. Nacido en Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1877. Profesor en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de La Plata, de la cual fue también decano hasta 1940. Funcionario del Ministerio de Obras Públicas (1904), dirigió la construcción del ferrocarril entre Puerto Deseado y Nahuel Huapí, Jefe de la División Construcciones de la Dirección General de Ferrocarriles (1911), Jefe del Ferrocarril Rosario-Mendoza (1912), vicepresidente del Touring Club Argentino (1956). Autor de varias obras sobre su especialidad.
[6] Duhau, 1927a: 42-43.
[7] Duhau, 1928a: 7.
[8] Pollock, Kerner y Love, 2002: 552.
[9] Acta nº 1446 - Sesión de la Comisión Directiva del 23 de junio de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXI, vol. LXI, nº 15, 1º de agosto de 1927: 781)
[10] Duhau, 1927a: 89-91.
[11] Acta nº 1448 - Sesión de la Comisión Directiva del 21 de julio de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 16, 15 de agosto de 1927: 839-841)
[12] Duhau, 1927b: 805.
[13] Uriburu venía trabajando desde los inicios de la gestión Duhau en un estudio sobre elevadores (Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 14, 15 de julio de 1927: 681).
[14] Sociedad Rural Argentina, Memoria del Ejercicio 1926/1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 22, 15 de noviembre de 1927: 1114-1115).
[15] Acta nº 1464, Sesión de la Comisión Directiva del 19 de abril de 1928 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXII, vol. LXII, nº 12, 15 de junio de 1928: 721-722).
[16] Duhau, 1928b: 4-6.
[17] Sociedad Rural Argentina, Memoria del Ejercicio 1927/1928 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXII, Vol. LXII, nº 22, 15 de noviembre de 1928: 1074).
[18] Leguizamón, 1928a.
[19] Idem: 72.
[20] Ibidem: 72.
[21] Ibidem: 72.
[22] Un lugar común en la literatura de los años veinte y que se acentuaría con el estallido de la crisis y la posterior depresión. Ver, p.ej., Malaccorto (1925) y Leiserson (1929).
[23] Leguizamón, 1928b: 93-94.
[24] Leguizamón, 1928c: 100. "Como resultado de nuestras observaciones, consideramos aconsejable contratar dos de los Field Superintendents Canadienses para que sirvan de instructores para la aplicación de nuestro plan en el F.C. Oeste, dada la magnífica experiencia que ellos tienen. Estos inspectores tienen un salario que oscila alrededor de pesos 1.000 oro por año, más gastos de movilidad (automóvil, nafta, repuestos, etc.) y expensas. Esos mismos inspectores podrían encargarse después de visitar la Argentina de reclutar en la Gran Bretaña, con éxito, agricultores para la Argentina. En la eventualidad de que se adoptara esta sugestión, hemos conversado ya con Mr. Ewart de Regina, quien no cree difícil proporcionarnos dos jóvenes capaces. Las Observaciones que hemos hecho en esta visita y las conversaciones que hemos tenido con farmers nos permiten pensar que es posible llevar familias británicas a la Argentina, con buen resultado, si aplicamos las prácticas del Canadá."
[25] Leguizamón, 1928d.
[26] Leguizamón, 1928d: 206-208.
[27] Idem: 210: "La construcción de terminales debe hacerse respetando lo que las entidades privadas han hecho hasta el presente, al amparo de la Ley nacional nº 3.908, no sólo porque el monopolio del servicio de elevadores terminales sería antieconómico, sino también para dejar estímulo a la iniciativa particular, a la cual se debe lo poco con que el país cuenta a este respecto". En el informe final de la "Comisión Especial sobre Elevadores de Granos" (1928e: 36), Leguizamón y sus colaboradores realizaron un arduo trabajo de recopilación legislativa y estadística, consultas a los sectores involucrados y comparación con otros países. Sus conclusiones, sin embargo, mostraron algunos cambios con respecto a las apreciaciones comentadas más arriba. Se descartaba la posibilidad de la explotación privada o por cooperativas al inclinarse por una entidad autónoma oficial: "La Comisión considera que (...) en la práctica ha fracasado en el país en lo que a elevadores de campaña respecta, pues 28 años de vigencia de la Ley Nº 3908 por medio de la cual el Estado acuerda aquellas franquicias que el legislador creyó suficiente despertar el interés y la iniciativa privados, ha tenido por único resultado la construcción de 332.000 toneladas de capacidad terminal y sólo 28 elevadores de campaña, con una capacidad de 97.000 toneladas en total."
Con respecto al papel de las asociaciones cooperativas afirmaba: "No debe olvidarse tampoco que después de un cuarto de siglo de propaganda cooperativista, sólo contamos con 92 asociaciones rurales, que en realidad, son en buena parte únicamente de consumos"(1928e: 43)