Prebisch en Canadá. Influencia del modelo canadiense en la legislación agrícola argentina de los años treinta.*
Prof. Gustavo A. Pontoriero (CBC-UBA)
E-mail: gpontoriero@yahoo.com.ar
*Ponencia presentada en el marco del IV Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo (Rosario, 10 y 11 de junio de 2004)
1- Introducción
Si bien a comienzos del siglo XX, el ingeniero Alejandro Bunge había dedicado los primeros estudios serios a la evolución comparada de la Argentina y el Canadá, no existían demasiados antecedentes de una observación directa sobre el terreno antes de la visita que, en abril de 1927, iniciaron el ingeniero Luis Duhau (a la sazón, presidente de la Sociedad Rural Argentina) y el contador Raúl Prebisch (segundo en la Dirección de Estadística de la Nación), a los países de América del Norte.[1]
El viaje se inscribía en el complicado contexto del período de entreguerras y en las vísperas del crack de la Bolsa neoyorquina. La economía argentina había recuperado su impulso gradualmente pero, durante los años veinte, la Sociedad Rural Argentina se había mostrado preocupada tanto por la crisis ganadera como por el proteccionismo norteamericano, problemas que se inscribían en la evolución del comercio triangular que incluía a los británicos. Impulsar la modificación de las restrictivas políticas de importación norteamericanas fue uno de los motivos del viaje de Duhau y Prebisch a América del norte. El otro, y que nos ocupa en este artículo, fue la indagación sobre el modelo canadiense de comercialización agrícola, el sistema de "pool" para defender los precios del trigo, y la difusión de los elevadores de granos, notables ejemplos de intervenciones regulatorias que se impondrían también en la Argentina de los años treinta. Prebisch se mostraba interesado en introducir aquellos avances técnicos y administrativos que ya venían experimentando australianos, neocelandeses y canadienses, principales competidores de los productos agropecuarios argentinos en los mercados mundiales, sobre todo en el británico. [2]
Si bien a comienzos del siglo XX, el ingeniero Alejandro Bunge había dedicado los primeros estudios serios a la evolución comparada de la Argentina y el Canadá, no existían demasiados antecedentes de una observación directa sobre el terreno antes de la visita que, en abril de 1927, iniciaron el ingeniero Luis Duhau (a la sazón, presidente de la Sociedad Rural Argentina) y el contador Raúl Prebisch (segundo en la Dirección de Estadística de la Nación), a los países de América del Norte.[1]
El viaje se inscribía en el complicado contexto del período de entreguerras y en las vísperas del crack de la Bolsa neoyorquina. La economía argentina había recuperado su impulso gradualmente pero, durante los años veinte, la Sociedad Rural Argentina se había mostrado preocupada tanto por la crisis ganadera como por el proteccionismo norteamericano, problemas que se inscribían en la evolución del comercio triangular que incluía a los británicos. Impulsar la modificación de las restrictivas políticas de importación norteamericanas fue uno de los motivos del viaje de Duhau y Prebisch a América del norte. El otro, y que nos ocupa en este artículo, fue la indagación sobre el modelo canadiense de comercialización agrícola, el sistema de "pool" para defender los precios del trigo, y la difusión de los elevadores de granos, notables ejemplos de intervenciones regulatorias que se impondrían también en la Argentina de los años treinta. Prebisch se mostraba interesado en introducir aquellos avances técnicos y administrativos que ya venían experimentando australianos, neocelandeses y canadienses, principales competidores de los productos agropecuarios argentinos en los mercados mundiales, sobre todo en el británico. [2]
Según sus propias palabras, el "objetivo era ver cómo los canadienses podían defender sus precios de trigo a través de su famoso pool. (...) Ahí vimos por primera vez, y cómo funcionaba, un elevador de granos de campo"[3].
En efecto, uno de los problemas históricos del modelo agroexportador argentino había sido la falta de un verdadero sistema de almacenamiento y clasificación de granos que impidiera la concentración del negocio en manos de algunas pocas empresas como Bunge & Born, Louis Dreyfus y Cía., Otto Bemberg y otras. Como dato ilustrativo, la Argentina contaba a fines de los años veinte con una capacidad de almacenamiento de poco más de 400.000 toneladas, cuando disponía de saldos exportables de trigo que superaban los 6.000.000 de toneladas (1929). Los canadienses, por su parte, eran capaces de almacenar la sorprendente cifra de 8.800.000 toneladas. En la Argentina, la casi totalidad de los elevadores de campaña y terminales pertenecían a empresas ferroviarias, molineras o a las casas exportadoras; por otro lado, en Canadá, el Estado había construido parte de los mismos, en conjunto con empresas cerealeras y cooperativas (encargados últimos de su explotación).
En este trabajo, retomamos nuestra investigación respecto de la evolución de las ideas sobre el desarrollo en el período de entreguerras. Focalizamos nuestro interés en las élites dirigentes con el objeto de comprender los obstáculos que atravesó el proceso de industrialización en la Argentina durante el siglo XX. El grupo de investigación ha explorado temáticas vinculadas en los últimos seis años a través de los proyectos Ubacyt correspondientes a las convocatorias de los años 1998-2001 y 2001-2003.
Como resultado de los avances realizados, publicados en medios académicos nacionales e internacionales, nos proponemos estudiar la correlación entre el pensamiento industrialista, los actores sociales interesados y el Estado. En este sentido, consideramos que, en gran medida, las dificultades que impidieron la articulación del pensamiento industrialista con las élites dirigentes y las prácticas políticas y económicas concretas, tuvieron que ver con el aislamiento de los intelectuales que lo sostuvieron, y su incapacidad para trascender el plano individual, la visión tecnocrática o una cierta propuesta política. Al mismo tiempo, nos interesa profundizar, paralelamente, un trabajo comparativo con otros países medianos como Canadá y Australia, en la línea de un tópico clásico de nuestra tradición intelectual[4].
En efecto, uno de los problemas históricos del modelo agroexportador argentino había sido la falta de un verdadero sistema de almacenamiento y clasificación de granos que impidiera la concentración del negocio en manos de algunas pocas empresas como Bunge & Born, Louis Dreyfus y Cía., Otto Bemberg y otras. Como dato ilustrativo, la Argentina contaba a fines de los años veinte con una capacidad de almacenamiento de poco más de 400.000 toneladas, cuando disponía de saldos exportables de trigo que superaban los 6.000.000 de toneladas (1929). Los canadienses, por su parte, eran capaces de almacenar la sorprendente cifra de 8.800.000 toneladas. En la Argentina, la casi totalidad de los elevadores de campaña y terminales pertenecían a empresas ferroviarias, molineras o a las casas exportadoras; por otro lado, en Canadá, el Estado había construido parte de los mismos, en conjunto con empresas cerealeras y cooperativas (encargados últimos de su explotación).
En este trabajo, retomamos nuestra investigación respecto de la evolución de las ideas sobre el desarrollo en el período de entreguerras. Focalizamos nuestro interés en las élites dirigentes con el objeto de comprender los obstáculos que atravesó el proceso de industrialización en la Argentina durante el siglo XX. El grupo de investigación ha explorado temáticas vinculadas en los últimos seis años a través de los proyectos Ubacyt correspondientes a las convocatorias de los años 1998-2001 y 2001-2003.
Como resultado de los avances realizados, publicados en medios académicos nacionales e internacionales, nos proponemos estudiar la correlación entre el pensamiento industrialista, los actores sociales interesados y el Estado. En este sentido, consideramos que, en gran medida, las dificultades que impidieron la articulación del pensamiento industrialista con las élites dirigentes y las prácticas políticas y económicas concretas, tuvieron que ver con el aislamiento de los intelectuales que lo sostuvieron, y su incapacidad para trascender el plano individual, la visión tecnocrática o una cierta propuesta política. Al mismo tiempo, nos interesa profundizar, paralelamente, un trabajo comparativo con otros países medianos como Canadá y Australia, en la línea de un tópico clásico de nuestra tradición intelectual[4].
En este avance de investigación nos ocupamos de algunos miembros de la élite dirigente del período de entreguerras[5], tomando como eje el proceso de elaboración de políticas de intervención estatal para el sector agrícola, y su estrecha relación con el modelo canadiense. Al mismo tiempo, señalamos que si bien la discusión sobre la necesidad de intervenir en el mercado agrícola era ya antigua e involucraba a distintos sectores con intereses específicos, los cambios propuestos finalmente se enmarcaron en una política más amplia que comenzó a cristalizarse hacia 1933 con la llegada de Federico Pinedo y Luis Duhau a los ministerios de Hacienda y Agricultura, respectivamente. El "Programa de Recuperación Económica Nacional", encargado por ambos a Raúl Prebisch y sus colaboradores, reflejaría un giro decisivo con respecto a la ortodoxia hasta entonces aceptada. Algunas de las medidas contempladas en dicho plan y, sobre todo, la firma del Tratado Roca-Runciman (1933) y la creación del Banco Central de la República Argentina (1935) abrieron un polémico y encarnizado debate que marcaría para siempre a muchos de los dirigentes y funcionarios que participaron de los gobiernos fraudulentos posteriores al golpe de 1930.
2- El problema de los elevadores: evolución de las políticas oficiales hasta los años treinta
A fines del siglo XIX, el debate sobre la necesidad de modernizar el sistema de clasificación, transporte, almacenamiento y comercialización de granos entró en una fase decisiva. Testimonio de ello son los variados proyectos presentados a las autoridades, siendo el del ing. Augusto Lenhardtson un trabajo pionero[6]. Sin embargo, durante casi cuarenta años, la legislación argentina sobre elevadores de granos se restringió a dos normas: la 3.451 de 1896 y su modificatoria, la 3.908 del año 1900. Por la primera, se establecía la facultad del Poder Ejecutivo para contratar con el sector privado la construcción y explotación de elevadores portuarios. Sus falencias llevaron a las modificaciones introducidas desde enero de 1900; se flexibilizó el negocio al incluir la construcción de elevadores en las estaciones ferroviarias, períodos de concesión de cuarenta años, exenciones arancelarias para la importación de materiales, herramientas, máquinas y otros insumos. Este régimen, con los resultados y características descriptas más arriba, se mantuvo hasta 1933, pese a los numerosos proyectos de ley presentados durante dicho lapso[7].
De todos ellos, el único que hizo referencias directas al sistema canadiense fue el del ex ministro de Agricultura Ezequiel Ramos Mexía, presentado en agosto de 1912. El mensaje sobre un "Proyecto de Ley de Graneros" enviado al presidente Roque Sáenz Peña, abundaba en las deficiencias del sistema de transportes y comercialización de los granos y establecía que "para realizar este proyecto no es necesario inventar nada, lo que constituye una garantía no despreciable de éxito, y basta con copiar, mejorando lo que ya existe, ampliamente experimentado en los Estados Unidos y en el Canadá. Yo propongo la adopción del mismo sistema en nuestro país, con los Graneros Primarios, 'Country Elevators', y para cada diez o veinte de éstos, según la densidad de la zona respectiva, un Granero Regional, 'Scalp Elevator', debiendo constituir estos últimos la base de todo el plan de distribución de los cereales en la República Argentina"[8]. En el apartado IX del mensaje, el autor volvía a ponderar al sistema canadiense como modelo para el cálculo de los elevadores necesarios para el nivel de producción y exportación de la Argentina. A diferencia de otros proyectos, sostenía la necesidad de que el Estado se hiciera cargo de la construcción y administración de los elevadores, al mismo tiempo que de la clasificación de los granos.
No fue sino hasta 1932 que, siendo Ministro de Agricultura, el Dr. Antonio De Tomaso, con la colaboración de Cárcano y Duhau, elevaría un nuevo proyecto inspirado en el sistema canadiense. Los informes que Prebisch redactara durante el viaje a Canadá constituyeron la base de aquella legislación, pero lamentablemente, no han podido ser ubicados hasta el presente[9]. Sin embargo, es posible reconstruir los fundamentos de aquellos informes a partir de las leyes 11.742 y 12.253, de 1933 y 1935, respectivamente, de algunos escritos y recuerdos de Raúl Prebisch y de los discursos pronunciados por el Ing. Luis Duhau y el Dr. Miguel Ángel Cárcano (secretario de la Sociedad Rural Argentina y sucesor de Duhau en el Ministerio de Agricultura tras su renuncia, en diciembre de 1935).
3. El sistema de comercialización agrícola en el Canadá
El cultivo del trigo en las provincias occidentales se había convertido rápidamente en un auténtico monocultivo que definió la inserción del país en la economía internacional hasta la década de 1930[10]. En 1880, los primeros elevadores de granos fueron construidos en el Canadá a partir de la iniciativa privada. Sin embargo, las manipulaciones llevadas a cabo por los acopiadores contra los granjeros abrieron el camino a la intervención estatal. En 1899, se constituyó la primera Royal Commission con el objeto de investigar las condiciones de comercialización y sugerir reformas. En su informe final, proponía cambios muy importantes tendientes a limitar el poder de las compañías ferroviarias y comerciales. El Gobierno Federal transformó dichas recomendaciones en la "Manitoba Grain Act" que, aunque no totalmente satisfactoria, proveía a partir de entonces de un marco legal de protección a los granjeros en cuanto a la clasificación, transporte, almacenamiento y comercialización de los granos. En este sentido, hacia 1910, el gobierno provincial de Manitoba intervino en la cuestión a pedido de las cooperativas de agricultores al construir una amplia red de 130 elevadores públicos que competirían con los privados. Poco después, el gobierno cedió su explotación a las cooperativas bajo la forma de un arrendamiento. En la otra provincia triguera por excelencia, Saskatchewan, también existía una estructura de almacenamiento constituida por elevadores privados. En este caso, la orientación estatal tomó un curso diferente al facilitar la construcción de nuevos elevadores, sólo a través de la financiación a asociaciones de granjeros. Un modelo similar fue adoptado por la tercera provincia cerealera, Alberta.
En cuanto a los elevadores terminales, todos funcionaban como servicio público, aún siendo construidos en proporciones y tiempos distintos por el Gobierno Federal, las compañías ferroviarias y empresas comerciales particulares. Así, pese a inspirarse en el modelo estadounidense, la participación de los estados provinciales y federal marcó una pauta muy diferente en el sistema canadiense. En los Estados Unidos, los elevadores de campaña estaban en un 80% en manos privadas y los de terminal, pese a funcionar como servicio público, pertenecían en su totalidad a las compañías ferroviarias (sólo un par eran de propiedad oficial). La influencia del modelo canadiense llegó también a otras zonas como Sudáfrica donde, tras una misión de estudio que comparó ambos sistemas, el Estado asumió la construcción y administración de una amplia red de elevadores de campaña y terminales. También en Australia y la India, las comisiones asesoras aconsejaron construir un sistema de propiedad y explotación oficial.
A mediados de los años veinte, se constituyó la gran organización cooperativa denominada "Wheat Pool of Western Canada", que reunió a las más grandes cooperativas de agricultores de las provincias antes mencionadas. El "Pool" integraba al 80% de los productores (unos 70.000 agricultores) y controlaba entre un 60% y un 70% de la exportación granera canadiense. Su función era maximizar los beneficios de los granjeros reduciendo los gastos de manipulación y almacenamiento, centralizando las ventas y regulando la oferta de granos en el mercado internacional. Se apartaba así del negocio a las grandes compañías comerciales. Esta intervención era de suma importancia si tenemos en cuenta que a fines de los años veinte, Canadá era el principal exportador mundial de trigo y harinas, duplicando los volúmenes norteamericanos y superando a los de Argentina y Australia juntas. Casi un tercio del trigo y la harina comercializada a nivel mundial procedían de las praderas canadienses. Esta evolución había sido vertiginosa: su producción había crecido de unas 800.000 toneladas a más de 10.000.000, entre 1900 y 1930, mientras que sus niveles de exportación ascendieron de 300.000 a unos 8.000.000 de toneladas, en el mismo período. El mercado inglés se había transformado en su principal cliente a principios del siglo XX (comprando hasta el 80% de las exportaciones de trigo canadiense), aunque en los años veinte esa participación se redujo a la mitad como consecuencia de la competencia del trigo argentino[11]. Sin embargo, las bruscas variaciones en la producción constituían la principal dificultad que el "Pool" debió afrontar. La visita de Duhau y Prebisch coincidió con uno de los casos más extremos: la cosecha de 1928 había sido récord al registrarse una producción de 15.000.000 de toneladas. Pero la cosecha siguiente fue sólo de 8.200.000. Estas variaciones producían, naturalmente, peligrosas oscilaciones de los precios internacionales debido al grado de participación del trigo canadiense en el mercado mundial y las previsiones sobre su saldo exportable.
Si bien algunos atribuyeron el surgimiento del "Pool" al resultado exitoso que había demostrado el organismo federal de contralor para la compra y venta de granos a los aliados durante la Primera Guerra Mundial[12], no menos cierta era la tradición de luchas agrarias que, al igual que en los Estados Unidos, habían envenenado las relaciones entre productores y comerciantes.
En este marco, las condiciones extremadamente competitivas del mercado mundial impulsaron nuevamente la discusión en la Argentina sobre las deficiencias del sistema de comercialización de granos y el rol que debían asumir el Estado y los distintos sectores involucrados[13].
4- La situación argentina entre 1926 y 1933: del Informe Mihura a la Ley 11742
Cuando el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Ing. Luis Duhau, lanzó el lema "Comprar a quien nos compra", en un discurso en la provincia de Entre Ríos, a fines de 1926, los problemas de la producción agraria y del comercio de exportación estaban alcanzado su punto culminante. Según Roger Gravil, "la competencia internacional se hacía cada vez más severa. A medida que aumentaba el rendimiento de otras áreas de producción primaria, los países europeos intensificaron la protección agrícola. Por otra parte, la tasa de población europea se incrementó poco y la creciente desocupación hizo disminuir el consumo de los países industriales. (...) Mientras la iniciativa privada buscaba remedios para la crisis introduciendo maquinaria agrícola, la preocupación oficial se centraba en lo que constituía realmente una condición previa para una agricultura intensiva de capital en la Argentina, a saber, la reforma de la organización comercial del mercado agrícola y la eliminación de las trabas para lograr un producción de alta calidad"[14].
En este contexto, se organizó la misión hacia América del Norte, a raíz de la invitación de la Unión Panamericana, recibida en diciembre de 1926. Meses después, el 9 de abril de 1927, la delegación argentina embarcó hacia los Estados Unidos y abrió su gira en Washington, donde enfrentó las críticas del ministro Hoover. A principios de mayo, los argentinos participaron de las sesiones del Congreso Comercial Panamericano y, posteriormente, Duhau asistió a la Convención Nacional del Comercio Exterior, en Detroit. Antes de continuar su viaje a Chicago, entabló un debate a través de la prensa especializada con el presidente de la US Steel Corporation y Chairman del National Foreign Trade Council, quien había cerrado las sesiones de la Convención criticando la postura de "Comprar a quien nos compra". En sus discursos y conversaciones planteó las dificultades del comercio triangular y el papel de las inversiones norteamericanas en la Argentina, reclamando reciprocidad comercial y la revisión del proteccionismo estadounidense que afectaba fundamentalmente las exportaciones de carne enfriada, lino y maíz. También propuso la creación de un organismo permanente integrado por hombres de negocios e instituciones de ambos países con el objeto de estudiar estos problemas. Con respecto al lema sostenido por la SRA, planteó su carácter de "norma de emergencia" y negó que fuera "un ideal permanente de política económica internacional"[15]. Prebisch preparó la base documental y estadística de dichas exposiciones, gracias a su experiencia previa como Director de Estadísticas de la SRA y subdirector de Estadística de la Nación. En su alocución del 26 de mayo, ante la Convención de Detroit, Duhau utilizó la comparación con el Canadá para ilustrar las posibilidades de crecimiento de la industria automotriz nortemericana en el mercado argentino. En el Canadá, Duhau y Prebisch permanecieron varios días, durante el mes de junio, relevando datos sobre el terreno. Trabajaron en Winnipeg y Regina analizando el sistema de comercialización de granos. "Recuerdo que primero visitamos el 'Wheat Exchange' en Winnipeg. Un viejito nos repetía insistentemente: 'Tienen que empezar a clasificar sus granos. Después fuimos a Regina, Saskatchewan. (...) Vimos cómo clasificaban la calidad del grano en el elevador, y cómo ponían las muestras en pequeños contenedores. Y sobre la base de esto y del certificado dado al granjero por el elevador de campo, el granjero podía vender en Winnipeg. Así que había competencia en el mercado. El 'margen de intermediación' estaba sujeto a la competencia. Esto, para nosotros, era el factor principal: la organización interna del comercio del trigo, para evitar la arbitrariedad del comprador local"[16].
En junio, Duhau telegrafió para comunicar su regreso en el vapor American Legion. En la sesión de Comisión Directiva del 21 de julio, los líderes de la Sociedad Rural recibieron un completo informe de la visita. Al mismo tiempo, se preparó una gran recepción para los viajeros. Al dirigirse al auditorio reunido en el Plaza Hotel, Duhau reconoció públicamente la colaboración de Prebisch y la posibilidad de buscar en el sistema canadiense una inspiración para las reformas necesarias en la Argentina: "El sistema de elevadores de granos de este país no sólo ha reducido el costo del movimiento de los cereales, sino que ha permitido establecer sobre mejores bases el crédito bancario. Pero la mayor ventaja del sistema estriba, sin duda alguna, en que ha contribuido a organizar un mercado en que la libre competencia obra sin fricciones y en forma activísima. (...) Solicito vuestra especial consideración para el Doctor Raúl Prebisch, que me ha prestado en Estados Unidos su inteligente colaboración. Su capacidad (...) en las investigaciones científicas a que está dedicado ha sido de un valor inestimable para el mejor éxito de mis gestiones"[17].
En el mismo acto, Duhau se refirió al proyecto de Ramos Mexía de 1912 antes citado, como el precedente más importante en este sentido. No era casual que, paralelamente, una comisión gubernamental estuviera trabajando por encargo del Ministro de Agricultura Emilio Mihura para concretar los anuncios del presidente Alvear. Su informe final, elevado en 1928, recogería algunas ideas sugeridas por el grupo que incluía a Duhau, Prebisch y Cárcano, entre otros, tomando como base la experiencia canadiense, aunque según las adaptaciones sudafricana y australiana, con una mayor intervención estatal[18]. La acción de este grupo (que incluía también a Guillemo E. Leguizamón, Ricardo Videla y Roberto M. Ortiz, entre otros) en los años siguientes, pero sobre todo en la coyuntura 1932-1933, sería fundamental para la sanción de las leyes 11.742/33 y 12.253/35 (Red General de Elevadores y Comisión Nacional de Granos y Elevadores, respectivamente).
5- A modo de conclusión
Este avance de investigación nos ha permitido rastrear una línea de pensamiento que, desde principios del siglo XX, entendió que algunos aspectos del sistema canadiense podían ser adaptados a las necesidades del campo argentino. En este sentido, entendemos que es necesario profundizar la relación de estas modificaciones con el marco general de intervención estatal desplegada en los años treinta y, al mismo tiempo, analizar las dificultades presentes en la articulación del grupo impulsor con diversas instituciones y sectores sociales.
Bibliografía
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Notas
[1] Quizá el antecedente más cercano fuera la misión de estudio de las actividades agropecuarias en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos, desarrollada por Juan Llerena y Ricardo Newton, en 1882. Sus resultados fueron publicados bajo el título de “Viajes y Estudios de la Comisión Argentina sobre la Agricultura, Ganadería, Organización y Economía Rural en Inglaterra, Estados Unidos y Australia”. En 1921, Ricardo Videla fue comisionado por el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico para realizar una investigación sobre la comercialización de granos en los Estados Unidos y el Canadá.
[2] En 1923, por sugerencia del ing. Alejandro Bunge y del Dr. Eleodoro Lobos, el Ministro de Hacienda de la Nación Rafael Herrera Vegas comisionó a Raúl Prebisch para viajar a Australia y Nueva Zelanda, con el objeto de estudiar la aplicación de un impuesto a la renta. Permaneció allí entre diciembre de 1923 y abril de 1924, interiorizándose de los regímenes fiscales y de los avances en el área de las estadísticas.
[3] Ver David Pollock y otros, 2002 : 552.
[4] A los antecedentes citados en la nota 1, deben sumarse los estudios de Ernesto Quesada (1913), Alejandro Bunge (1920-1943), Raúl Prebisch (1924), Carl Solberg (1981), D. Platt y Guido Di Tella (1985), Mario Rapoport (1994), Carlos Mayo y David Sheinin (1997), entre los más importantes.
[5] Luis Antonio Duhau, invernador, presidente de la Sociedad Rural Argentina (1926-1928), director del Banco de la Nación Argentina, diputado nacional, ministro de Agricultura del gobierno del Gral. Justo (1933-1935). Raúl Federico Prebisch, contador, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y de la Facultad de Derecho de la UNLP, colaborador del ing. Alejandro Bunge, Director de la Oficina de Estadística de la SRA (1922), becado por el gobierno de Alvear para una misión a Australia y Nueva Zelanda (1923-1924), subdirector de Estadística de la Nación, Director de la Oficina de Investigaciones Económicas del Banco de la Nación Argentina (1927), Subsecretario de Hacienda durante el gobierno del Gral. Uriburu (1930), miembro de la delegación argentina ante la Conferencia Económica Mundial (1933), miembro de la misión negociadora del Tratado Roca-Runciman, asesor de los ministros de Hacienda y Agricultura (1933-1935), gerente general del Banco Central de la República Argentina (1935-1943).
[6] Augusto Lenhardtson. Proyecto y datos estadísticos para la formación de una compañía de graneros a silos, sistema norteamericano "elevadores". Buenos Aires, Imprenta y Enc. Roma, 1896.
[7] En 1913, el diputado J. García González presentó un proyecto de 33 artículos para licitar la construcción y explotación de elevadores en Capital Federal y varias provincias. En 1915, el ministro de Agricultura Horacio Calderón impulsó un proyecto más amplio que preveía el diseño de una red de elevadores y secadores de granos regionales y terminales, apoyándose en el asesoramiento de José Botto, estudioso e introductor de modelos norteamericanos. En 1920, el diputado Sabá Z. Hernández solicitó la construcción de galpones graneros con elevador para secar y limpiar cereales en los puertos y estaciones de ferrocarril para ser entregadas a cooperativas y eliminar la intermediación de comerciantes. El mismo año, los diputados Arturo Bas y Roberto Marcelino Ortiz insistieron con otro proyecto que impulsaba la construcción de almacenes y elevadores de granos en todos los centros agrícolas ya fuera por parte del Estado o de particulares. Volvió a ser tratado en 1922, sin resultado positivo. El presidente Alvear envió en 1923 un proyecto para la creación de una "Comisión de contralor del comercio de productos agropecuarios" que incluía un capítulo sobre depósitos de granos. Ninguno de ellos obtuvo sanción.
[8] Proyecto Ramos Mexía, 1912 (En: Informe Mihura, 1928: 217). Ezequiel Ramos Mexía fue junto a Miguel Ángel Cárcano uno de los precursores de la aplicación del modelo canadiense en la Argentina.
[9] Fernández López, Manuel, 1991; Nota preliminar: XIV.
[10] Solberg, Carl, 1981: 14. Para un estudio sobre la cuestión del desarrollo en la perspectiva argentina y canadiense, ver Lucchini, Cerra y Blanco, 1999. Para la industrialización canadiense, Lucchini, 2003.
[11] Ver Solberg, Carl, op. cit., cuadro 10.
[12] Ver Informe Mihura, 1928: 41.
[13] Gravil, Roger, 1970-1971; Malgesini, Graciela, 1986-1987.
[14] Gravil, Roger, 1970-71: 397-399.
[15] Duhau, Luis, 1927: 36.
[16] Prebisch, Raúl; citado en Pollock, David (op. cit.): 552.
[17] Duhau, Luis, 1927: 89-91.
[18] Informe Mihura, 1928: 44.
[1] Quizá el antecedente más cercano fuera la misión de estudio de las actividades agropecuarias en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos, desarrollada por Juan Llerena y Ricardo Newton, en 1882. Sus resultados fueron publicados bajo el título de “Viajes y Estudios de la Comisión Argentina sobre la Agricultura, Ganadería, Organización y Economía Rural en Inglaterra, Estados Unidos y Australia”. En 1921, Ricardo Videla fue comisionado por el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico para realizar una investigación sobre la comercialización de granos en los Estados Unidos y el Canadá.
[2] En 1923, por sugerencia del ing. Alejandro Bunge y del Dr. Eleodoro Lobos, el Ministro de Hacienda de la Nación Rafael Herrera Vegas comisionó a Raúl Prebisch para viajar a Australia y Nueva Zelanda, con el objeto de estudiar la aplicación de un impuesto a la renta. Permaneció allí entre diciembre de 1923 y abril de 1924, interiorizándose de los regímenes fiscales y de los avances en el área de las estadísticas.
[3] Ver David Pollock y otros, 2002 : 552.
[4] A los antecedentes citados en la nota 1, deben sumarse los estudios de Ernesto Quesada (1913), Alejandro Bunge (1920-1943), Raúl Prebisch (1924), Carl Solberg (1981), D. Platt y Guido Di Tella (1985), Mario Rapoport (1994), Carlos Mayo y David Sheinin (1997), entre los más importantes.
[5] Luis Antonio Duhau, invernador, presidente de la Sociedad Rural Argentina (1926-1928), director del Banco de la Nación Argentina, diputado nacional, ministro de Agricultura del gobierno del Gral. Justo (1933-1935). Raúl Federico Prebisch, contador, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y de la Facultad de Derecho de la UNLP, colaborador del ing. Alejandro Bunge, Director de la Oficina de Estadística de la SRA (1922), becado por el gobierno de Alvear para una misión a Australia y Nueva Zelanda (1923-1924), subdirector de Estadística de la Nación, Director de la Oficina de Investigaciones Económicas del Banco de la Nación Argentina (1927), Subsecretario de Hacienda durante el gobierno del Gral. Uriburu (1930), miembro de la delegación argentina ante la Conferencia Económica Mundial (1933), miembro de la misión negociadora del Tratado Roca-Runciman, asesor de los ministros de Hacienda y Agricultura (1933-1935), gerente general del Banco Central de la República Argentina (1935-1943).
[6] Augusto Lenhardtson. Proyecto y datos estadísticos para la formación de una compañía de graneros a silos, sistema norteamericano "elevadores". Buenos Aires, Imprenta y Enc. Roma, 1896.
[7] En 1913, el diputado J. García González presentó un proyecto de 33 artículos para licitar la construcción y explotación de elevadores en Capital Federal y varias provincias. En 1915, el ministro de Agricultura Horacio Calderón impulsó un proyecto más amplio que preveía el diseño de una red de elevadores y secadores de granos regionales y terminales, apoyándose en el asesoramiento de José Botto, estudioso e introductor de modelos norteamericanos. En 1920, el diputado Sabá Z. Hernández solicitó la construcción de galpones graneros con elevador para secar y limpiar cereales en los puertos y estaciones de ferrocarril para ser entregadas a cooperativas y eliminar la intermediación de comerciantes. El mismo año, los diputados Arturo Bas y Roberto Marcelino Ortiz insistieron con otro proyecto que impulsaba la construcción de almacenes y elevadores de granos en todos los centros agrícolas ya fuera por parte del Estado o de particulares. Volvió a ser tratado en 1922, sin resultado positivo. El presidente Alvear envió en 1923 un proyecto para la creación de una "Comisión de contralor del comercio de productos agropecuarios" que incluía un capítulo sobre depósitos de granos. Ninguno de ellos obtuvo sanción.
[8] Proyecto Ramos Mexía, 1912 (En: Informe Mihura, 1928: 217). Ezequiel Ramos Mexía fue junto a Miguel Ángel Cárcano uno de los precursores de la aplicación del modelo canadiense en la Argentina.
[9] Fernández López, Manuel, 1991; Nota preliminar: XIV.
[10] Solberg, Carl, 1981: 14. Para un estudio sobre la cuestión del desarrollo en la perspectiva argentina y canadiense, ver Lucchini, Cerra y Blanco, 1999. Para la industrialización canadiense, Lucchini, 2003.
[11] Ver Solberg, Carl, op. cit., cuadro 10.
[12] Ver Informe Mihura, 1928: 41.
[13] Gravil, Roger, 1970-1971; Malgesini, Graciela, 1986-1987.
[14] Gravil, Roger, 1970-71: 397-399.
[15] Duhau, Luis, 1927: 36.
[16] Prebisch, Raúl; citado en Pollock, David (op. cit.): 552.
[17] Duhau, Luis, 1927: 89-91.
[18] Informe Mihura, 1928: 44.