XIII Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (San Salvador de Jujuy, junio de 2006)




"Las relaciones comerciales externas de Canadá con América Latina en el marco del NAFTA" *

Prof. Ángel Cerra ( FCE – UBA)
Email: mensajeronengriego@yahoo.com.ar

Prof. Susana Yazbek (CBC-UBA)


*Ponencia presentada en el marco del VI Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo "Ideas, actores sociales y papel del Estado en los cambios de paradigma de desarrollo" (San Salvador de Jujuy, 8 y 9 de junio de 2006)
1- Introducción

El propósito de esta comunicación es realizar una aproximación desde la disciplina de las relaciones internacionales a los vínculos comerciales de Canadá con América Latina. En ese sentido, la insignificancia de los contactos ha sido – desde una perspectiva histórica -la norma. Si bien en los últimos años la dirigencia canadiense ha protagonizado algunos acercamientos hacia sus vecinos del sur del continente, de los cuáles sin lugar a dudas el más importante es su incorporación a la Organización de Estados Americanos, la intensidad de los vínculos permanece en niveles muy bajos. Por ejemplo, las importaciones canadienses de productos argentinos, equivalen al 0,12 % del total de sus compras externas; las provenientes de Chile, país con el cuál Canadá tiene un Acuerdo de Libre Comercio, alcanzan el 0,43 %; finalmente, desde México, estado que integra el NAFTA, sólo llegan al 4 % del total[1].

Sin embargo, creemos que el estudio de las relaciones comerciales e internacionales de Canadá y América Latina resulta de interés por una serie de razones: la primera de ellas, quizás la menos obvia, es que las ausencias explican – a veces – de mejor manera la naturaleza de un vínculo; en segundo lugar, porque el aumento de los intercambios económicos internacionales que acompaña el proceso de globalización abre nuevos escenarios en términos de acuerdos entre países y de mercados para el sector privado. Finalmente, porque la dinámica de las relaciones de poder en el marco de esta post – guerra fría ha adquirido una inestabilidad tal, que aspectos considerados insignificantes o menores pasan a cobrar mayor importancia. Bien podría ser el caso de la relación Canadá – América Latina.

El marco teórico que sustenta el análisis proviene de la corriente pluralista o institucionalista de las relaciones internacionales, en la versión más moderada de Robert Kehoane, quien si bien en un principio postuló al institucionalismo como un paradigma alternativo[2]; posteriormente moderó su posición, buscando la ampliación de la estrecha visión de los realistas y neorrealistas. Su propuesta consiste en afirmar que aunque:

1. Los Estados son los principales actores internacionales, no son los únicos.
2. Los Estados actúan racionalmente, no siempre lo hacen a partir de una información completa ni con preferencias incambiables.
3. Los Estados buscan poder e influencia, en diferentes condiciones sistémicas definen sus intereses de manera distinta.

El primer punto de los citados es de suma utilidad para comprender la complejidad de estas relaciones. Al romper el carácter unitario del estado e incorporar otros actores como la sociedad civil, las empresas transnacionales y las organizaciones intergubernamentales (como la OEA) podemos escapar a dos riesgos. El primero consiste en suponer que los intercambios comerciales se producen efectivamente entre estados, siendo éstos el ordenador jurídico – político de la sociedad, pero no la sociedad misma. El comercio se concreta entre miembros de una sociedad o de distintas sociedades. La expresión “Chile exportó a Canadá” debería traducirse como: “empresas radicadas en Chile vendieron a empresas instaladas en Canadá”. Sólo en casos excepcionales – por ejemplo, cuando quien concreta el intercambio es una empresa estatal – son los estados los actores involucrados.

¿Quiere decir entonces, que los estados permanecen ajenos a los intercambios comerciales? De ninguna manera; porque ese orden jurídico - político surge de distintas interacciones con su sociedad civil y se desliza un juego – a veces sutil y encubierto, a veces torpe y manifiesto – de presiones y re - acomodamientos. El segundo riesgo consiste -justamente- en olvidar las interferencias estatales, remedando pobremente el ideario liberal postulado por Smith en 1776.

Por lo expuesto, esta comunicación procura atender los dos niveles de análisis, el societal y el estatal, contando con la dificultad del escaso avance en el estudio de las relaciones internacionales entre Canadá y la región latinoamericana.


2- Las relaciones exteriores de Canadá con el mundo y con América Latina

El Canadá fue ganando paulatinamente su soberanía al tiempo que se distanciaba del control británico. En ese sentido, las participaciones en la Primera Guerra Mundial y en la posterior Sociedad de las Naciones constituyen hitos de significación. El Estatuto de Westminster de 1931, aclaró aún más las dudas sobre las posibilidades del Dominio de contar con relaciones exteriores autónomas, aunque la sombra de la Madre Patria se hizo sentir hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Podría decirse que la vinculación con el Reino Unido permanece en el terreno simbólico, por el hecho de compartir una misma reina. La posibilidad de sancionar su propia constitución en 1982 marcó la separación definitiva de la tutela británica.

Con los Estados Unidos, el proceso fue inverso. Si observamos la relación en el largo plazo y nos evadimos de coyunturas y de contextos históricos críticos, del recelo que promovió justamente la formación del dominio en 1867[3] (plasmado en la British North American Act) y de las dificultades que acompañaron las negociaciones comerciales en los finales del siglo XIX y principios del siglo XX, la ligazón con el poderoso vecino del sur fue cada vez más estrecha, tanto en lo económico como en lo político. Así, las inversiones estadounidenses aumentaron espectacularmente desde fines de la Primera Guerra Mundial, promoviendo el crecimiento industrial canadiense. Los intentos regulatorios por parte del gobierno del Canadá, en términos de asegurar un cierto porcentaje de producción genuinamente nacional, cayeron en saco roto, por irrelevantes o por falta de convicción en la ejecución de estas políticas nacionalistas.

No sólo las inversiones estadounidenses impactaron fuertemente sobre la economía canadiense: cada vez más, los intercambios comerciales entre los dos países se intensificaron, perdiendo importancia desde todo punto de vista el mercado inglés y del Imperio británico. La tendencia secular en términos de integración comercial se consolidó a finales del siglo XX con la firma del Free Trade Agreement y del North American Free Trade Agreement[4]. En la actualidad, el 83,9 % de las exportaciones canadienses se dirigen a los EEUU y desde ese país provienen el 56,4 % de las importaciones. Los gráficos son más elocuentes que las cifras[5]:


Para EEUU, desde el punto de vista económico, Canadá no tiene la misma jerarquía: sus ventas a este país representan el 23,1 % del total, mientras las importaciones desde el país de la Hoja de Arce equivalen al 17 % de todas sus compras. Sin embargo, debemos anotar dos elementos de vital importancia: por un lado, EEUU recibe de su vecino del norte buena parte de su provisión energética y de insumos clave, como el papel para periódicos. Por otro lado, Canadá forma parte de todos los planes de defensa continental de los EEUU, por el mero hecho de compartir una extensa frontera – lo que obliga a la coordinación misilística y a la lucha conjunta contra el terrorismo -.
Reseñaremos brevemente los elementos principales de la unión militar entre los vecinos. Durante en la Segunda Guerra Mundial, el presidente Roosevelt y el primer ministro King suscribieron el Acuerdo de Ogdensburg (Agosto de 1940) donde se estableció la formación de una Junta de Defensa de carácter permanente, acentuando la coordinación de las partes firmantes. Al año siguiente, los dos países firmaron el acuerdo de Hyde Park ( Abril de 1941). Por el mismo, los canadienses comprarían motores de avión en los EEUU y éstos, por su lado, importarían desde el norte municiones y armas pequeñas (Mc Innis, 1959: 504-505)
Al comenzar la Guerra Fría y frente a la amenaza nuclear soviética, los EEUU convencieron a los canadienses de construir una línea de radares en prevención de un ataque desde el Ártico. En 1958, se suscribió el acuerdo que instituyó el North American Aerospace Defence Command ( NORAD) organismo binacional[6]. Su finalidad es monitorear y defender el espacio norteamericano y ha sido renovado hasta la actualidad, introduciendo innovaciones que acompañan los adelantos tecnológicos y los cambios en la configuración del sistema mundial. Del mismo modo, Canadá es socio fundador de la NATO y ha participado en operaciones militares bajo su mando, bajo el liderazgo de los EEUU.

Existieron – no obstante – divergencias importantes en este y en otros planos entre los aliados. Así sucedió en ocasión de la invasión de yankee en Bahía de los Cochinos, acción que mereció una fuerte censura por parte del Primer Ministro Diefenbaker; más conocida es la postura canadiense de neutralidad en la Guerra de Vietnam y el masivo cruce hacia Canadá de miles de estadounidenses deseosos de evadir sus obligaciones militares. Debemos anotar cierta hipocresía de la dirigencia canadiense, que aprovechó el conflicto para aumentar sus ventas de pertrechos militares hacia su vecino del sur.

Más conflictivos fueron los años de la “Era Trudeau”. Durante el mandato del Primer Ministro Pierre Trudeau, Canadá se enfrentó a los EEUU en algunos tópicos militares, aunque nunca la sangre llegó al río. Los efectivos canadienses en Europa, integrando la NATO, disminuyeron a la mitad. En 1969, se reconoció a la República Popular China[7], anticipándose al acercamiento estadounidense durante la presidencia de Nixon. En 1972, el gobierno canadiense condenó la prolongación de la Guerra de Vietnam.

A pesar de estos desacuerdos, Canadá siguió integrando la NATO y el NORAD fue regularmente renovado. Además, los EEUU recibieron autorización de Ottawa para probar sus misiles atravesando territorio canadiense.

Finalmente, en la Primera Guerra del Golfo, el ex Dominio Británico respondió al mandato de las Naciones Unidas, mientras que no participó de la última invasión en el marco de la estrategia preventiva lanzada por George W. Bush. Este hecho, no le ha impedido a empresas canadienses participar del gran negocio de la reconstrucción de Irak.

En conclusión: la vinculación entre los EEUU y Canadá – a pesar de algunos roces– es tan estrecha que todo juicio de valor sobre las posibilidades de un entendimiento entre éste último país y América Latina debe contemplar que los canadienses tienen poco margen de acción: les guste o no “duermen con el elefante”[8].

3- Canadá y América Latina

El Canadá no manifestó mayor interés por la situación de América Latina hasta la llegada al poder de Pierre Trudeau. El Primer Ministro, procuró tibiamente separarse de la tutela estadounidense acercándose a otras regiones del mundo de una manera distinta. Sin embargo, estos intentos se caracterizaron por su timidez y por la permanente tutela del Tío Sam.
El primer gran dilema para Trudeau se produjo en ocasión del golpe de estado de Pinochet contra Salvador Allende, en 1973. Buena parte de la opinión pública canadiense, agrupada en influyentes ONG, tales como el Canadian Council of Churches (CCC) y los sindicatos, representados por el Canadian Labour Congress (CLC) pidió al gobierno que no reconociera a las autoridades surgidas de la asonada militar. Los esfuerzos fueron vanos: Pinochet fue reconocido dieciocho días después de producido el golpe. Para compensar, se recibió generosamente a más de 7000 exiliados chilenos.
A partir de allí, el país aumentó su activismo en la región. Reconoció al gobierno de la Revolución Sandinista, pero al mismo tiempo mantuvo relaciones cordiales con otros estados de la zona que albergaban a los “contras”. Se buscaba asumir un rol de mediador, respaldando además las gestiones del Grupo Contadora. Esta tibieza consiguió disminuir las críticas tanto de las ONG como las de la Administración Reagan.
Los canadienses han elegido, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial privilegiar los marcos de acción plurinacionales, como las Naciones Unidas. Por ese motivo, resistieron la formación del bloque regional que constituía la Organización de Estados Americanos, institución a la que ingresaron recién en 1990. A partir de su incorporación, Canadá insistió en el fortalecimiento de la democracia en el continente y jugó un rol clave en la creación de la Unit for Promotion of Democracy dependiente de la organización. En la actualidad, tiene un papel activo en la misión de estabilización de las Naciones Unidas en Haití.
Más importante ha sido su intención de favorecer la unión económica continental a través de la iniciativa del ALCA. Por ejemplo, en la última Cumbre de las Américas en Mar del Plata, el primer Ministro Paul Martin pronunció un discurso pro – integración y actúo en sintonía con su par de Estados Unidos George Bush y con Vicente Fox, mandatario mexicano[9].
En el campo de la cooperación internacional para el desarrollo – aspecto de su política exterior resaltado fervientemente por Ottawa – América Latina tampoco se encuentra dentro de las prioridades. Bolivia, uno de los países más pobres de la región recibió en 2003/4 solo 26 millones de dólares canadienses, mientras que a Burkina Faso, en el mismo período, se destinaron 29 millones de la misma moneda. A Brasil, con sus espantosos indicadores de desarrollo humano y una población muy numerosa se le otorgó 11 millones de dólares canadienses, en tanto que Serbia y Montenegro receptó 14,6 millones. Es evidente que las preocupaciones de la cooperación canadiense no se encuentran en el patio trasero de su vecino.
En el campo de las inversiones exteriores, no es relevante el papel de América Latina, como se desprende del gráfico siguiente:

Observamos que los canadienses han preferido manejarse en el área de los países de la OECD, más algunos recién llegados al Primer Mundo o en trabajoso – e incierto - periplo hacia él, como son los casos de Irlanda y de Hungría. Para definir el grado de importancia que tienen los países de América Latina, señalemos que la suma de las realizadas en veintiún países de América Central y del Sur, no supera las inversiones canadienses en Irlanda[10].
¿ Cuáles son las perspectivas comerciales para la región? Este es el monto de las importaciones canadienses provenientes de América Latina y el Caribe :


País Monto en millones de dólares canadienses % sobre el total de las importaciones
México 14.568 3,84
Brazil 3.142 0,83
Venezuela 1.828 0,48
Chile 1.651 0,43
Peru 1.357 0,36
Colombia 582 0,15
Cuba 552 0,15
Argentina 452 0,12
Jamaica 392 0,10
Costa Rica 355 0,09
Trinidad y Tob 237 0,06
Guatemala 206 0,05
Ecuador 142 0,04
Uruguay 130 0,03
Honduras 129 0,03
Rep. Domin. 119 0,03
El Salvador 59 0,02
Bahamas 56 0,01
Panamá 44 0,01
Haití 25 0,01
Bermuda 17 0,00
Barbados 7 0,00
Islas Caimán 0,4 0,00
26.050,4 6,86

De las cifras anteriores, surgen algunas certezas desalentadoras sobre las posibilidades del comercio de América Latina y el Caribe con Canadá. La primera de ellas es la insignificancia del vínculo para éste último. Desde el revés de la trama la situación se repite: así como el único proveedor relevante para el ex Dominio es México, para los países latinoamericanos el canadiense es un mercado realmente marginal. Esta situación no ha sufrido modificaciones significativas en los últimos cuarenta años, a pesar de su volatilidad.
Si excluimos del último cálculo a México, país para el que Canadá representa el 5,1% del total de sus exportaciones, la importancia de ese mercado es aún menor: para Chile, las ventas a Canadá equivalen al 3,4 % del total; para Brasil, el 2,2 % y para la Argentina arañan el 1 %. Debemos tener en cuenta que los dos primeros estados suscribieron acuerdos de libre comercio con la ex colonia británica.

4- Conclusiones. Análisis prospectivo

Venciendo la natural inclinación de los historiadores a no formular cualquier tipo de pronóstico – lo que conduce, por un lado a la prudencia y por el otro, a la inutilidad absoluta de la disciplina – nos atrevemos a postular ciertos escenarios para el futuro. Como en casi todas sus decisiones soberanas, la relación de Canadá y América Latina se encuentra fuertemente condicionada por la asociación que mantiene con los EEUU. Dentro de ese marco, se ha señalado la presencia de un vínculo de carácter estructural donde el componente geográfico es insoslayable. Canadá es la frontera norte del Imperio, la proveedora de materias primas y de energía barata; Ontario y Québec, cada vez más, se integran con el sur no sólo en términos económicos, sino también culturales.
En ciertas circunstancias clave – por ejemplo en la coyuntura “progresista” de la Era Trudeau,- las ONG alzaron la voz por cuestiones humanitarias y de derechos humanos. Aún hoy, siguen siendo muy severas en sus juicios sobre las estrategias de cooperación internacional[11]. Sin embargo, más allá de las veleidades y de manejo de su opinión pública interna, es dudoso que los gobernantes canadienses puedan apartarse demasiado de los EEUU, aunque éstos se encuentren empeñados en una política exterior agresiva y militarista.
Por todo lo expuesto, - y a la luz de lo exhibido recientemente en las distintas cumbres y en los documentos oficiales de Canadá – es probable que se acentúe su rol como cara amable de la integración al ALCA y de la necesidad de reconocimiento por parte de Latinoamérica de patentes y regalías, así como de brindar un marco jurídico amigable a los inversores extranjeros. La desarticulación de los espacios regionales mediante acuerdos de libre comercio, es una estrategia en la que Canadá acompaña los esfuerzos estadounidenses.
¿ Se podrá vender más al país de la Hoja de Arce? Probablemente, la insignificancia de los intercambios comerciales continúe siendo la norma, a pesar de los esfuerzos denodados por parte de algunos estados de la región, como Chile. Y definitivamente, las exportaciones hacia el norte se basarán en productos primarios, tal como lo demuestran el crecimiento de las citadas ventas chilenas. Éstas se basan en la comercialización de cobre en bruto o con mínima incorporación de mano de obra, de frutas y vinos.
En conclusión, los países latinoamericanos deberían moderar su entusiasmo por la eventual conquista del mercado canadiense, ya que factores geográficos, militares, históricos y políticos, condenan de antemano esa posibilidad.

Bibliografía

Kehoane, Robert, (1988) Después de la Hegemonía, Buenos Aires, GEL.

Lucchini, Cristina ( 2003) “Estableciendo un patrón de desarrollo: exportar para el Imperio. El caso de los empresarios automotrices canadienses entre 1920 y 1940” en Lucchini, C., (comp..) El enigma argentino, Buenos Aires, Proyecto Editorial.

Lucchini, Cristina, Blanco, Teodoro y Cerra, Angel ( 2002) : “Economía e Industria en Canadá y Argentina. Un acercamiento desde la historia de las ideas”, en Revista Chilena de Estudios Canadienses, Año 1, Vol. 1

Mc Innis, Edgard ( 1956) Canada. A Political and Social History, Toronto, Clarke, Irwin & Company Limited.

Solberg. Carl E. ( 1981) “Argentina y Canadá: una Perspectiva Comparada Sobre su Desarrollo Económico”, 1919 – 1939 en Desarrollo Económico Vol. XXI Nº 82

Williams,Glen ( 1986) Not for Export: Toward a Political Economy of Canada´s Arrested Industrialization, Toronto, McClelland and Stewart.
Notas

[1] Los datos son del año 2004. La información completa se encuentra en www.dfait-maeci.gc.ca/eet/cimt/2005/pfact_annual_trade_2006-04-en.asp
[2] En Después de la Hegemonía, Kehoane es fuertemente crítico de las posiciones más extremas del institucionalismo. Así respecto a David Mitrany sostiene que
“En el otro extremo de estos realistas se encuentran autores que consideran que consideran que la cooperación es esencial en un mundo de interdependencia económica y que argumenta que los intereses económicos compartidos crean la necesidad de leyes e instituciones internacionales. Este enfoque, al que me refiero como institucionalista porque sus partidarios acentúan las funciones desempeñadas por las organizaciones internacionales, corre el riesgo de ser ingenuo con respecto al poder y al conflicto. Con demasiada frecuencia sus adherentes incorporan a su teoría suposiciones excesivamente optimistas acerca del rol de los ideales en la política mundial o acerca de la capacidad de los estadistas de aprender lo que los teóricos consideran las “lecciones correctas” (Kehoane, 1988: 20) (el resaltado es nuestro, A.C. y S.Y.)
[3] Desde su independencia en 1776, los Estados Unidos nunca abandonaron la pretensión de anexar Canadá a sus posesiones. En la década de 1820, sus líderes adoptaron una retórica nacionalista de tono expansionista, expresada en la frase: el destino manifiesto. Dios había elegido a los "americanos" para controlar todo el continente bajo la forma republicana de gobierno. Los efectos de esta retórica se sintieron inmediatamente en México, que perdería buena parte de su territorio en manos del poderoso vecino del Norte. Por la guerra o por medio de la compra, Estados Unidos estaba dispuesto a cumplir con ese "destino". Las cuestiones limítrofes entre Canadá y el joven gigante, fueron especialmente virulentas en las décadas transcurridas entre los años cuarenta y ochenta del siglo XIX. Merced a la pasividad de la Corona Británica, los estadounidenses intentaron avanzar sobre territorio canadiense en la frontera del estado de Oregon y reclamaron la isla de Vancouver y sus aledañas. Finalmente, la fuerte presión de la opinión pública local y el deseo británico de limitar la influencia estadounidense permitió consolidar las fronteras
[4] Obsérvese la tendencia. De menos del 50 % del total de las exportaciones canadienses a principios de la década de 1950, las ventas a los EEUU, llegaron a principios de los 80’ a cubrir el 65 %, el 72 % en 1988 y a casi el 84 % en la actualidad.
[5] Las cifras del comercio canadiense con otros países pertenecen al Department Foreign Affairs and International Trade cuya página web se cita en la nota 1.
[6] Mostrando claramente la asimetría entre las partes firmantes del acuerdo, el cuartel general del NORAD se encuentra en Colorado Springs, el comandante es estadounidense y el segundo, canadiense.
[7] Para compensar cualquier acusación de comunismo, Trudeau estableció casi al mismo tiempo relaciones diplomáticas con el Vaticano.
[8] La frase pertenece al ex Primer Ministro Pierre Trudeau: “Vivir al lado de los EEUU, es como dormir con un elefante. No importa cuán apacible y amistosa sea la bestia, uno es afectado por cada uno de sus movimientos y gruñidos”. Podemos agregar que actualmente, la política exterior de Bush no es particularmente amistosa ni apacible.
[9] En el documento final, Martín insistió en la necesidad de acordar una sola posición respaldando al ALCA. Sus esfuerzos fueron infructuosos y la redacción final incluyó las dos posturas, en contra y a favor de continuar con las iniciativas de integración continental.
[10] Las empresas canadienses y los individuos, como se puntualiza en el gráfico, recurren también a paraísos fiscales, lo que explica la importancia de Barbados, Bermuda e Isla Caimán.
[11] Por ejemplo, la Canadian Catholic Organization for Development and Peace expresa en una carta abierta a la Ministra de Cooperación Internacional:
“Entendemos que la CIDA ( nombre de la Agencia de Cooperación Internacional Canadiense) se encuentra en una posición desventajosa para comentar los fuertes recortes de presupuesto impuestos desde principios de 1990. Sin embargo, la agencia debe reconocer honestamente que el precario estado de los recursos financieros ha terminado afectando la efectividad. No es sorprendente que, en los últimos diez años, la CIDA ha estado haciendo menos con menos. Como resultado de las decisiones de recorte de presupuesto adoptadas por el gobierno canadiense, la gente de varios países en el sur se ha enfrentado a una pobreza más profunda, los servicios básicos de educación han sido cortados, la salud de las mujeres ha empeorado, las epidemias fueron combatidas menos vigorosamente y mas chicos murieron” Canadian Catholic Organization for Development and Peace, The Future of Canadian International Development Aid a Development and Peace Position Paper , 30 de agosto de 2001 en http://www.devp.org/testA/policy/declarationsj-e.htm

XIII Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (San Salvador de Jujuy, junio de 2006)


"Globalizantes y globalizados. Consideraciones acerca de las relaciones entre ambos actores del proceso actual de reestructuración capitalista"*



Lic. Teodoro V. Blanco (UBA)
E-mail: teodorovblanco@yahoo.com.ar

Laura Alori (UBA)
E-mail: alori@fullzero.com.ar

* Ponencia presentada en el marco del VI Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo "Ideas, actores sociales y papel del Estado en los cambios de paradigma de desarrollo" (San Salvador de Jujuy, 8 y 9 de junio de 2006)

1- Introducción

El propósito de este trabajo es hacer un aporte al debate cada vez más urgente en torno a las posibilidades de desarrollo de la Argentina. Cuestión que consideramos crítica a la luz de nuestra experiencia histórica que, a lo largo de dos siglos de intentos – algunos relativamente exitosos, pero en definitiva insuficientes y otros condenados al fracaso desde su inicio –; nos sitúan en el presente en condiciones precarias y de creciente vulnerabilidad de cara al futuro.
Nuestra hipótesis principal inicial podría expresarse en los siguientes términos: Argentina es un país que en términos de la “la larga duración” tiene, al igual que otros, un origen colonial expoliador reciente, a la vez que características estructurales que son peculiares. Sus sucesivas elites gobernantes han actuado sin la idoneidad imprescindible para ser consideradas tales. Lo cual se debe a su oportunismo sectorial y a su ignorancia teórica y empírica con respecto al propio país y al contexto internacional. Éxitos parciales como los de la Generación del Ochenta o la Burguesía Nacional de Perón y Frondizi, sin embargo, le han dado las bases para que todavía pueda considerárselo con capacidad de competitividad para aspirar a un nivel de desarrollo compatible con la categoría de país intermedio.
Desde el punto de vista metodológico y teniendo en cuenta la extensión pautada de las ponencias, nuestra argumentación será breve y acotada. Nos referiremos a los procesos de estructuración capitalista, poniendo el acento en el actual, denominado comúnmente como “Globalización”; en la incertidumbre teórica de las Relaciones Internacionales, y criticaremos en particular al Derecho, en cuanto recurso que puede favorecer a los países globalizados.

2- Los procesos de estructuración capitalista

Hablamos de procesos de estructuración capitalista porque desde la primera revolución industrial el capitalismo se ha convertido, a través de diferentes etapas, en el paradigma universal en materia económica. A la vez, ha ido condicionando a otros aspectos de las relaciones sociales como la política y la cultura, subsumiéndolos al economicismo. Un ejemplo simple y evidente sería la difusión del idioma inglés (el 47% de la población de Europa Occidental habla ese idioma y en todo el mundo es obligado para la comunicación entre los sectores científicos y profesionales. Incluso hay una jerga anglofóna que es intercalada en las exposiciones aún vulgares del idioma natal. En cada etapa, además, se fueron instalando crecientemente modas y costumbres anglosajonas en la vida cotidiana..
Pero el mayor impacto del economicismo se ha dado en el plano valorativo de las relaciones humanas. Desde sus orígenes, el liberalismo capitalista predicará con gran aceptación los valores del egoísmo y el individualismo, como sustento del progreso del progreso y el desarrollo, afirmando que esta nueva forma de conciencia – subjetiva – basada en el darwinismo social, en definitiva significaría ventajoso para el conjunto de los individuos, incluso de los menos dotados por la naturaleza. La ciencia, pues, reemplaza paulatinamente a las viejas religiones (de las que puede decirse que pese a sus postulados antropológicos más equilibrados e inclusivos, en la práctica era poco lo que habían hecho para mejorar la condición humana).
En palabras de Robert H. Nelson, “los economistas se consideran científicos (...) pero son más bien teólogos. Los predecesores de los miembros actuales de economistas no son científicos como (...) Newton o Einstein. Antes bien, los economistas somos los herederos de Tomás de Aquino y de Martín Lutero” (Nelson, 2001: 23). El autor continúa afirmando el papel metafísico antes que científico de los economistas: “ antes que ser técnicos sin valoraciones subjetivas, los miembros de las escuelas desde Adam Smith han sido los sacerdotes más influyentes de la era moderna” (Nelson, 2001: 26). Continúa criticando el paradigma del mercado en los términos abundantemente conocidos, es decir, que los intereses indivualistas no generan beneficios para el conjunto social y que la mano invisible no es otra cosa que una falacia demostrada históricamente.
En otro lugar, hace un planteo que aunque conocido en su intención, citamos en sus términos que nos parecen un aporte del autor por su construcción literaria: “(...) inclusive si una ciencia verdadera de la sociedad fuera posible no sería deseable. Un individuo cuyo comportamiento es previsible en forma perfecta y científica no es un verdadero ser humano” (Nelson, 2001: p. 47).
Esta circunstanciada lectura de un autor tan prestigioso, pese a que debemos señalar su desconcierto implícito con respecto a la verdad del conocimiento, nos sirve para reflexionar sobre el proceso actual de reestructuración capitalista, conocido vulgar y provisoriamente, como Globalización [1]

3- La Globalización

Si bien otra etapa – la presente – de los procesos de reestructuración capitalista, presenta por eso mismo cambios y continuidades; que – aún no definidos – la tiñe de incertidumbre. De momento es todavía un lugar común en la discusión política y teórica, en la que concurren varias líneas interpretativas reflejo de multitud de intereses y de tradiciones. En términos antitéticos, para unos es la culminación del Imperio y para otros el prólogo de la Anarquía. Para unos y otros también, es el comienzo de una Edad Dorada o de una Edad Oscura. Los seres humanos, dado su carácter imprevisible, suelen oscilar – aún en el marco de sus convicciones – en aporías.
Desde nuestra perspectiva, cuyo supuesto básico subyacente es el optimismo presente en el pensamiento clásico y persistente en el moderno, optamos por ver a la globalización como un espacio todavía abierto a la pluralidad. Por eso rechazamos una globalización sesgada por el economicismo, causa principal de las guerras, la explotación de los más débiles, del deterioro cada vez mayor del medio ambiente...
Desde la perspectiva neoliberal, que en cuanto fundamentalista y por lo tanto ilógica, se sostiene la inevitabilidad de sus postulados. De allí su pretensión de pensamiento único (el fin de la historia, es decir de la imprevisibilidad humana) y la hegemonía de un supuesto desarrollo objetivo y progresivo de la tecnología, que hermana al neoliberalismo con su supuesto antagónico, el marxismo.


4- El Derecho: una alternativa.

La apremiante necesidad de superar la actual y creciente brecha entre el Norte y el Sur nos incita a explorar nuevos caminos desde nuestra posición de países débiles (globalizados). ¿ Puede el Derecho ser una alternativa? Pensamos que si, en la medida en que, teniendo en cuenta las características del actual proceso de reestructuración capitalista, que por su escala tecnológica ha abierto espacios – aunque menores – podrían ser usados para limitar la hegemonía economicista neoliberal. Más aun cuando muchos de ellos provienen de la misma matriz liberal clásica, como la libertad, la igualdad de oportunidades, la democracia...
Los medios de comunicaciones, por su parte, han acercado, relacionado, al conjunto planetario. El formidable y hasta ahora incontrolable fenómeno de la informática, permite el acceso a una comunicación plural entre todos los lugares del planeta. Conocerse es el primer paso para relacionarse; se teme a lo desconocido, pero se negocia con lo conocido.
A su vez, la misma globalización economicista, ha impulsado nuevos escenarios como las alianzas regionales, el accionar de empresas transnacionales, el surgimiento de foros y pactos para tratar la competencia comercial, regular las finanzas, y – en el polo opuesto – el desarrollo de organizaciones también mundiales, que defienden el medio ambiente, los derechos humanos y los derechos de los pueblos, para mencionar algunos casos.
¿Qué es el Derecho? Así con mayúscula. La respuesta más simple es que se trata de la institución que reúne el corpus de las normas jurídicas que regulan las relaciones sociales en su más amplio espectro y que cuenta con la capacidad de coacción suficiente para imponerse a las partes en litigio.
Aquí se presenta otro problema que nos remite nuevamente a las Relaciones Internacionales. Es nuestra posición que ninguna de las dos corrientes clásicas y sus derivadas al respecto, pueden continuar sosteniendo en el presente las argumentaciones que las han calificado como antagónicas. Recurriendo a la Historiografía (otra herramienta insoslayable en el análisis político), se podría afirmar que el siglo XXI se parece menos al XIX, que éste al XVII. Dos indicadores: a) el cambio en el papel del Estado; b) la transculturalización. Ambos nos llevan a nuevas formas del Derecho.


Hace ya años, el eminente jurista alemán, Helmut Schelsky, reconocido como maestro a nivel internacional en su disciplina, planteaba en un ensayo un concepto que querríamos rescatar y aplicar en la medida de lo posible a nuestra cuestión: “La lucha por el Derecho”. (Schelsky, 1967: pp.44 a 65). Su universo de análisis no era el campo internacional sino las instituciones nacionales, más específicamente las alemanas. La versión original, se remonta a 1949, es decir muy alejada de nuestra problemática de la globalización. Y su planteo era dialogar, no antagonizar, con el concepto de “Lucha de Clases”. En su visión, en ambas posturas está presente el ejercicio del poder y en nuestra interpretación el grado de poder que pueden ejercer en el plano internacional los países periféricos como el nuestro.

Veamos ahora algunos antecedentes a propósito del desarrollo en el derecho internacional. Pero comencemos por aclarar la dificultad teórica – otra vez, aunque con otras palabras – que generan esas dos visiones: la hegeliana y la kantiana. En efecto, ambas son filosofías de la historia que condicionan ideológicamente, es decir al servicio de intereses sectoriales, al sustrato cultural de las sociedades, en nuestro caso al Derecho, y coinciden en la justificación, por diferentes vías argumentativas, de un mismo interés, el imperialista. Abundan las pruebas históricas que demuestran que la razón de estado y la supremacía moral, se conjugan a la hora de imponer la concepción imperial.
La caracterización ya explicitada de la actual etapa de globalización, abre – a nuestro entender – una brecha en este discurso – el verdadero pensamiento único – que permitiría a los países débiles aprovecharla en su beneficio. La misma necesidad imperial de ordenar el planeta la ha llevado a introducir al Derecho en su panoplia, porque la insoslayable experiencia histórica enseña que no se puede sostener prolongadamente la dominación por el sólo accionar de la coerción militar; es imprescindible generar algún tipo de consenso social, para transformar el poder en autoridad. De allí la secuela en aumento y diversidad de organizaciones, que a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, se han ido creando en el ámbito interestatal como en el “no gubernamental”, y que pese a sus deficiencias brindan nuevas posibilidades a los países débiles. Puesto que su objetivo es someterlos, se los incluye y al hacerlo hay que negociar.



5- Consideraciones finales.

Aún desde lo más clásico de la Real Politik, tan denostada como incomprendida por los intelectuales dependientes de las superficialidades de moda, nos permitimos reafirmar los dichos expuestos. El príncipe de Talleyrand, paradigma del diplomático, con diez siglos de aristocracia sobre sus espaldas apenas sostenidas por una pierna coja, que traicionó a su Rey, votó su asesinato en la Asamblea Revolucionaria, para luego convertirse en Ministro de Bonaparte, al que también traicionó, sin embargo, nuevamente monárquico, salvó a Francia de la derrota en el Congreso de Viena, recurriendo al principio de legitimidad y cooptando a los países pequeños.
La historia es maestra de vida para el que quiere escucharla. Tratemos pues, de comprender las sutilezas de la etapa actual e indaguemos en esa brecha del pensamiento imperial contemporáneo, en busca de los lugares que podamos aprovechar en favor de nuestros intereses nacionales. El Derecho Internacional es uno, no el más importante probablemente, pero no por eso despreciable.



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· SCHELSKY, HELMUT Acerca de la estabilidad de las instituciones, en El Hombre en la civilización científica y otros ensayos, Sur, Buenos Aires, 1967.



Notas

[1] Un texto excelente sobre este tema, especialmente para el año inicial de las carreras de grado universitarias, es el de Cristina Lucchini y Juan Bubello, Economía, sociedad y formas de organización del trabajo en el siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2005.

XI Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (Rosario, junio 2004)


Prebisch en Canadá. Influencia del modelo canadiense en la legislación agrícola argentina de los años treinta.*

Prof. Gustavo A. Pontoriero (CBC-UBA)
E-mail: gpontoriero@yahoo.com.ar


*Ponencia presentada en el marco del IV Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo (Rosario, 10 y 11 de junio de 2004)




1- Introducción


Si bien a comienzos del siglo XX, el ingeniero Alejandro Bunge había dedicado los primeros estudios serios a la evolución comparada de la Argentina y el Canadá, no existían demasiados antecedentes de una observación directa sobre el terreno antes de la visita que, en abril de 1927, iniciaron el ingeniero Luis Duhau (a la sazón, presidente de la Sociedad Rural Argentina) y el contador Raúl Prebisch (segundo en la Dirección de Estadística de la Nación), a los países de América del Norte.[1]

El viaje se inscribía en el complicado contexto del período de entreguerras y en las vísperas del crack de la Bolsa neoyorquina. La economía argentina había recuperado su impulso gradualmente pero, durante los años veinte, la Sociedad Rural Argentina se había mostrado preocupada tanto por la crisis ganadera como por el proteccionismo norteamericano, problemas que se inscribían en la evolución del comercio triangular que incluía a los británicos. Impulsar la modificación de las restrictivas políticas de importación norteamericanas fue uno de los motivos del viaje de Duhau y Prebisch a América del norte. El otro, y que nos ocupa en este artículo, fue la indagación sobre el modelo canadiense de comercialización agrícola, el sistema de "pool" para defender los precios del trigo, y la difusión de los elevadores de granos, notables ejemplos de intervenciones regulatorias que se impondrían también en la Argentina de los años treinta. Prebisch se mostraba interesado en introducir aquellos avances técnicos y administrativos que ya venían experimentando australianos, neocelandeses y canadienses, principales competidores de los productos agropecuarios argentinos en los mercados mundiales, sobre todo en el británico. [2]
Según sus propias palabras, el "objetivo era ver cómo los canadienses podían defender sus precios de trigo a través de su famoso pool. (...) Ahí vimos por primera vez, y cómo funcionaba, un elevador de granos de campo"[3].

En efecto, uno de los problemas históricos del modelo agroexportador argentino había sido la falta de un verdadero sistema de almacenamiento y clasificación de granos que impidiera la concentración del negocio en manos de algunas pocas empresas como Bunge & Born, Louis Dreyfus y Cía., Otto Bemberg y otras. Como dato ilustrativo, la Argentina contaba a fines de los años veinte con una capacidad de almacenamiento de poco más de 400.000 toneladas, cuando disponía de saldos exportables de trigo que superaban los 6.000.000 de toneladas (1929). Los canadienses, por su parte, eran capaces de almacenar la sorprendente cifra de 8.800.000 toneladas. En la Argentina, la casi totalidad de los elevadores de campaña y terminales pertenecían a empresas ferroviarias, molineras o a las casas exportadoras; por otro lado, en Canadá, el Estado había construido parte de los mismos, en conjunto con empresas cerealeras y cooperativas (encargados últimos de su explotación).

En este trabajo, retomamos nuestra investigación respecto de la evolución de las ideas sobre el desarrollo en el período de entreguerras. Focalizamos nuestro interés en las élites dirigentes con el objeto de comprender los obstáculos que atravesó el proceso de industrialización en la Argentina durante el siglo XX. El grupo de investigación ha explorado temáticas vinculadas en los últimos seis años a través de los proyectos Ubacyt correspondientes a las convocatorias de los años 1998-2001 y 2001-2003.

Como resultado de los avances realizados, publicados en medios académicos nacionales e internacionales, nos proponemos estudiar la correlación entre el pensamiento industrialista, los actores sociales interesados y el Estado. En este sentido, consideramos que, en gran medida, las dificultades que impidieron la articulación del pensamiento industrialista con las élites dirigentes y las prácticas políticas y económicas concretas, tuvieron que ver con el aislamiento de los intelectuales que lo sostuvieron, y su incapacidad para trascender el plano individual, la visión tecnocrática o una cierta propuesta política. Al mismo tiempo, nos interesa profundizar, paralelamente, un trabajo comparativo con otros países medianos como Canadá y Australia, en la línea de un tópico clásico de nuestra tradición intelectual[4].

En este avance de investigación nos ocupamos de algunos miembros de la élite dirigente del período de entreguerras[5], tomando como eje el proceso de elaboración de políticas de intervención estatal para el sector agrícola, y su estrecha relación con el modelo canadiense. Al mismo tiempo, señalamos que si bien la discusión sobre la necesidad de intervenir en el mercado agrícola era ya antigua e involucraba a distintos sectores con intereses específicos, los cambios propuestos finalmente se enmarcaron en una política más amplia que comenzó a cristalizarse hacia 1933 con la llegada de Federico Pinedo y Luis Duhau a los ministerios de Hacienda y Agricultura, respectivamente. El "Programa de Recuperación Económica Nacional", encargado por ambos a Raúl Prebisch y sus colaboradores, reflejaría un giro decisivo con respecto a la ortodoxia hasta entonces aceptada. Algunas de las medidas contempladas en dicho plan y, sobre todo, la firma del Tratado Roca-Runciman (1933) y la creación del Banco Central de la República Argentina (1935) abrieron un polémico y encarnizado debate que marcaría para siempre a muchos de los dirigentes y funcionarios que participaron de los gobiernos fraudulentos posteriores al golpe de 1930.

2- El problema de los elevadores: evolución de las políticas oficiales hasta los años treinta

A fines del siglo XIX, el debate sobre la necesidad de modernizar el sistema de clasificación, transporte, almacenamiento y comercialización de granos entró en una fase decisiva. Testimonio de ello son los variados proyectos presentados a las autoridades, siendo el del ing. Augusto Lenhardtson un trabajo pionero[6]. Sin embargo, durante casi cuarenta años, la legislación argentina sobre elevadores de granos se restringió a dos normas: la 3.451 de 1896 y su modificatoria, la 3.908 del año 1900. Por la primera, se establecía la facultad del Poder Ejecutivo para contratar con el sector privado la construcción y explotación de elevadores portuarios. Sus falencias llevaron a las modificaciones introducidas desde enero de 1900; se flexibilizó el negocio al incluir la construcción de elevadores en las estaciones ferroviarias, períodos de concesión de cuarenta años, exenciones arancelarias para la importación de materiales, herramientas, máquinas y otros insumos. Este régimen, con los resultados y características descriptas más arriba, se mantuvo hasta 1933, pese a los numerosos proyectos de ley presentados durante dicho lapso[7].

De todos ellos, el único que hizo referencias directas al sistema canadiense fue el del ex ministro de Agricultura Ezequiel Ramos Mexía, presentado en agosto de 1912. El mensaje sobre un "Proyecto de Ley de Graneros" enviado al presidente Roque Sáenz Peña, abundaba en las deficiencias del sistema de transportes y comercialización de los granos y establecía que "para realizar este proyecto no es necesario inventar nada, lo que constituye una garantía no despreciable de éxito, y basta con copiar, mejorando lo que ya existe, ampliamente experimentado en los Estados Unidos y en el Canadá. Yo propongo la adopción del mismo sistema en nuestro país, con los Graneros Primarios, 'Country Elevators', y para cada diez o veinte de éstos, según la densidad de la zona respectiva, un Granero Regional, 'Scalp Elevator', debiendo constituir estos últimos la base de todo el plan de distribución de los cereales en la República Argentina"[8]. En el apartado IX del mensaje, el autor volvía a ponderar al sistema canadiense como modelo para el cálculo de los elevadores necesarios para el nivel de producción y exportación de la Argentina. A diferencia de otros proyectos, sostenía la necesidad de que el Estado se hiciera cargo de la construcción y administración de los elevadores, al mismo tiempo que de la clasificación de los granos.
No fue sino hasta 1932 que, siendo Ministro de Agricultura, el Dr. Antonio De Tomaso, con la colaboración de Cárcano y Duhau, elevaría un nuevo proyecto inspirado en el sistema canadiense. Los informes que Prebisch redactara durante el viaje a Canadá constituyeron la base de aquella legislación, pero lamentablemente, no han podido ser ubicados hasta el presente[9]. Sin embargo, es posible reconstruir los fundamentos de aquellos informes a partir de las leyes 11.742 y 12.253, de 1933 y 1935, respectivamente, de algunos escritos y recuerdos de Raúl Prebisch y de los discursos pronunciados por el Ing. Luis Duhau y el Dr. Miguel Ángel Cárcano (secretario de la Sociedad Rural Argentina y sucesor de Duhau en el Ministerio de Agricultura tras su renuncia, en diciembre de 1935).


3. El sistema de comercialización agrícola en el Canadá

El cultivo del trigo en las provincias occidentales se había convertido rápidamente en un auténtico monocultivo que definió la inserción del país en la economía internacional hasta la década de 1930[10]. En 1880, los primeros elevadores de granos fueron construidos en el Canadá a partir de la iniciativa privada. Sin embargo, las manipulaciones llevadas a cabo por los acopiadores contra los granjeros abrieron el camino a la intervención estatal. En 1899, se constituyó la primera Royal Commission con el objeto de investigar las condiciones de comercialización y sugerir reformas. En su informe final, proponía cambios muy importantes tendientes a limitar el poder de las compañías ferroviarias y comerciales. El Gobierno Federal transformó dichas recomendaciones en la "Manitoba Grain Act" que, aunque no totalmente satisfactoria, proveía a partir de entonces de un marco legal de protección a los granjeros en cuanto a la clasificación, transporte, almacenamiento y comercialización de los granos. En este sentido, hacia 1910, el gobierno provincial de Manitoba intervino en la cuestión a pedido de las cooperativas de agricultores al construir una amplia red de 130 elevadores públicos que competirían con los privados. Poco después, el gobierno cedió su explotación a las cooperativas bajo la forma de un arrendamiento. En la otra provincia triguera por excelencia, Saskatchewan, también existía una estructura de almacenamiento constituida por elevadores privados. En este caso, la orientación estatal tomó un curso diferente al facilitar la construcción de nuevos elevadores, sólo a través de la financiación a asociaciones de granjeros. Un modelo similar fue adoptado por la tercera provincia cerealera, Alberta.

En cuanto a los elevadores terminales, todos funcionaban como servicio público, aún siendo construidos en proporciones y tiempos distintos por el Gobierno Federal, las compañías ferroviarias y empresas comerciales particulares. Así, pese a inspirarse en el modelo estadounidense, la participación de los estados provinciales y federal marcó una pauta muy diferente en el sistema canadiense. En los Estados Unidos, los elevadores de campaña estaban en un 80% en manos privadas y los de terminal, pese a funcionar como servicio público, pertenecían en su totalidad a las compañías ferroviarias (sólo un par eran de propiedad oficial). La influencia del modelo canadiense llegó también a otras zonas como Sudáfrica donde, tras una misión de estudio que comparó ambos sistemas, el Estado asumió la construcción y administración de una amplia red de elevadores de campaña y terminales. También en Australia y la India, las comisiones asesoras aconsejaron construir un sistema de propiedad y explotación oficial.

A mediados de los años veinte, se constituyó la gran organización cooperativa denominada "Wheat Pool of Western Canada", que reunió a las más grandes cooperativas de agricultores de las provincias antes mencionadas. El "Pool" integraba al 80% de los productores (unos 70.000 agricultores) y controlaba entre un 60% y un 70% de la exportación granera canadiense. Su función era maximizar los beneficios de los granjeros reduciendo los gastos de manipulación y almacenamiento, centralizando las ventas y regulando la oferta de granos en el mercado internacional. Se apartaba así del negocio a las grandes compañías comerciales. Esta intervención era de suma importancia si tenemos en cuenta que a fines de los años veinte, Canadá era el principal exportador mundial de trigo y harinas, duplicando los volúmenes norteamericanos y superando a los de Argentina y Australia juntas. Casi un tercio del trigo y la harina comercializada a nivel mundial procedían de las praderas canadienses. Esta evolución había sido vertiginosa: su producción había crecido de unas 800.000 toneladas a más de 10.000.000, entre 1900 y 1930, mientras que sus niveles de exportación ascendieron de 300.000 a unos 8.000.000 de toneladas, en el mismo período. El mercado inglés se había transformado en su principal cliente a principios del siglo XX (comprando hasta el 80% de las exportaciones de trigo canadiense), aunque en los años veinte esa participación se redujo a la mitad como consecuencia de la competencia del trigo argentino[11]. Sin embargo, las bruscas variaciones en la producción constituían la principal dificultad que el "Pool" debió afrontar. La visita de Duhau y Prebisch coincidió con uno de los casos más extremos: la cosecha de 1928 había sido récord al registrarse una producción de 15.000.000 de toneladas. Pero la cosecha siguiente fue sólo de 8.200.000. Estas variaciones producían, naturalmente, peligrosas oscilaciones de los precios internacionales debido al grado de participación del trigo canadiense en el mercado mundial y las previsiones sobre su saldo exportable.

Si bien algunos atribuyeron el surgimiento del "Pool" al resultado exitoso que había demostrado el organismo federal de contralor para la compra y venta de granos a los aliados durante la Primera Guerra Mundial[12], no menos cierta era la tradición de luchas agrarias que, al igual que en los Estados Unidos, habían envenenado las relaciones entre productores y comerciantes.
En este marco, las condiciones extremadamente competitivas del mercado mundial impulsaron nuevamente la discusión en la Argentina sobre las deficiencias del sistema de comercialización de granos y el rol que debían asumir el Estado y los distintos sectores involucrados[13].

4- La situación argentina entre 1926 y 1933: del Informe Mihura a la Ley 11742

Cuando el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Ing. Luis Duhau, lanzó el lema "Comprar a quien nos compra", en un discurso en la provincia de Entre Ríos, a fines de 1926, los problemas de la producción agraria y del comercio de exportación estaban alcanzado su punto culminante. Según Roger Gravil, "la competencia internacional se hacía cada vez más severa. A medida que aumentaba el rendimiento de otras áreas de producción primaria, los países europeos intensificaron la protección agrícola. Por otra parte, la tasa de población europea se incrementó poco y la creciente desocupación hizo disminuir el consumo de los países industriales. (...) Mientras la iniciativa privada buscaba remedios para la crisis introduciendo maquinaria agrícola, la preocupación oficial se centraba en lo que constituía realmente una condición previa para una agricultura intensiva de capital en la Argentina, a saber, la reforma de la organización comercial del mercado agrícola y la eliminación de las trabas para lograr un producción de alta calidad"[14].
En este contexto, se organizó la misión hacia América del Norte, a raíz de la invitación de la Unión Panamericana, recibida en diciembre de 1926. Meses después, el 9 de abril de 1927, la delegación argentina embarcó hacia los Estados Unidos y abrió su gira en Washington, donde enfrentó las críticas del ministro Hoover. A principios de mayo, los argentinos participaron de las sesiones del Congreso Comercial Panamericano y, posteriormente, Duhau asistió a la Convención Nacional del Comercio Exterior, en Detroit. Antes de continuar su viaje a Chicago, entabló un debate a través de la prensa especializada con el presidente de la US Steel Corporation y Chairman del National Foreign Trade Council, quien había cerrado las sesiones de la Convención criticando la postura de "Comprar a quien nos compra". En sus discursos y conversaciones planteó las dificultades del comercio triangular y el papel de las inversiones norteamericanas en la Argentina, reclamando reciprocidad comercial y la revisión del proteccionismo estadounidense que afectaba fundamentalmente las exportaciones de carne enfriada, lino y maíz. También propuso la creación de un organismo permanente integrado por hombres de negocios e instituciones de ambos países con el objeto de estudiar estos problemas. Con respecto al lema sostenido por la SRA, planteó su carácter de "norma de emergencia" y negó que fuera "un ideal permanente de política económica internacional"[15]. Prebisch preparó la base documental y estadística de dichas exposiciones, gracias a su experiencia previa como Director de Estadísticas de la SRA y subdirector de Estadística de la Nación. En su alocución del 26 de mayo, ante la Convención de Detroit, Duhau utilizó la comparación con el Canadá para ilustrar las posibilidades de crecimiento de la industria automotriz nortemericana en el mercado argentino. En el Canadá, Duhau y Prebisch permanecieron varios días, durante el mes de junio, relevando datos sobre el terreno. Trabajaron en Winnipeg y Regina analizando el sistema de comercialización de granos. "Recuerdo que primero visitamos el 'Wheat Exchange' en Winnipeg. Un viejito nos repetía insistentemente: 'Tienen que empezar a clasificar sus granos. Después fuimos a Regina, Saskatchewan. (...) Vimos cómo clasificaban la calidad del grano en el elevador, y cómo ponían las muestras en pequeños contenedores. Y sobre la base de esto y del certificado dado al granjero por el elevador de campo, el granjero podía vender en Winnipeg. Así que había competencia en el mercado. El 'margen de intermediación' estaba sujeto a la competencia. Esto, para nosotros, era el factor principal: la organización interna del comercio del trigo, para evitar la arbitrariedad del comprador local"[16].
En junio, Duhau telegrafió para comunicar su regreso en el vapor American Legion. En la sesión de Comisión Directiva del 21 de julio, los líderes de la Sociedad Rural recibieron un completo informe de la visita. Al mismo tiempo, se preparó una gran recepción para los viajeros. Al dirigirse al auditorio reunido en el Plaza Hotel, Duhau reconoció públicamente la colaboración de Prebisch y la posibilidad de buscar en el sistema canadiense una inspiración para las reformas necesarias en la Argentina: "El sistema de elevadores de granos de este país no sólo ha reducido el costo del movimiento de los cereales, sino que ha permitido establecer sobre mejores bases el crédito bancario. Pero la mayor ventaja del sistema estriba, sin duda alguna, en que ha contribuido a organizar un mercado en que la libre competencia obra sin fricciones y en forma activísima. (...) Solicito vuestra especial consideración para el Doctor Raúl Prebisch, que me ha prestado en Estados Unidos su inteligente colaboración. Su capacidad (...) en las investigaciones científicas a que está dedicado ha sido de un valor inestimable para el mejor éxito de mis gestiones"[17].
En el mismo acto, Duhau se refirió al proyecto de Ramos Mexía de 1912 antes citado, como el precedente más importante en este sentido. No era casual que, paralelamente, una comisión gubernamental estuviera trabajando por encargo del Ministro de Agricultura Emilio Mihura para concretar los anuncios del presidente Alvear. Su informe final, elevado en 1928, recogería algunas ideas sugeridas por el grupo que incluía a Duhau, Prebisch y Cárcano, entre otros, tomando como base la experiencia canadiense, aunque según las adaptaciones sudafricana y australiana, con una mayor intervención estatal[18]. La acción de este grupo (que incluía también a Guillemo E. Leguizamón, Ricardo Videla y Roberto M. Ortiz, entre otros) en los años siguientes, pero sobre todo en la coyuntura 1932-1933, sería fundamental para la sanción de las leyes 11.742/33 y 12.253/35 (Red General de Elevadores y Comisión Nacional de Granos y Elevadores, respectivamente).

5- A modo de conclusión

Este avance de investigación nos ha permitido rastrear una línea de pensamiento que, desde principios del siglo XX, entendió que algunos aspectos del sistema canadiense podían ser adaptados a las necesidades del campo argentino. En este sentido, entendemos que es necesario profundizar la relación de estas modificaciones con el marco general de intervención estatal desplegada en los años treinta y, al mismo tiempo, analizar las dificultades presentes en la articulación del grupo impulsor con diversas instituciones y sectores sociales.
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Notas

[1] Quizá el antecedente más cercano fuera la misión de estudio de las actividades agropecuarias en Australia, Inglaterra y los Estados Unidos, desarrollada por Juan Llerena y Ricardo Newton, en 1882. Sus resultados fueron publicados bajo el título de “Viajes y Estudios de la Comisión Argentina sobre la Agricultura, Ganadería, Organización y Economía Rural en Inglaterra, Estados Unidos y Australia”. En 1921, Ricardo Videla fue comisionado por el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico para realizar una investigación sobre la comercialización de granos en los Estados Unidos y el Canadá.
[2] En 1923, por sugerencia del ing. Alejandro Bunge y del Dr. Eleodoro Lobos, el Ministro de Hacienda de la Nación Rafael Herrera Vegas comisionó a Raúl Prebisch para viajar a Australia y Nueva Zelanda, con el objeto de estudiar la aplicación de un impuesto a la renta. Permaneció allí entre diciembre de 1923 y abril de 1924, interiorizándose de los regímenes fiscales y de los avances en el área de las estadísticas.
[3] Ver David Pollock y otros, 2002 : 552.
[4] A los antecedentes citados en la nota 1, deben sumarse los estudios de Ernesto Quesada (1913), Alejandro Bunge (1920-1943), Raúl Prebisch (1924), Carl Solberg (1981), D. Platt y Guido Di Tella (1985), Mario Rapoport (1994), Carlos Mayo y David Sheinin (1997), entre los más importantes.
[5] Luis Antonio Duhau, invernador, presidente de la Sociedad Rural Argentina (1926-1928), director del Banco de la Nación Argentina, diputado nacional, ministro de Agricultura del gobierno del Gral. Justo (1933-1935). Raúl Federico Prebisch, contador, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y de la Facultad de Derecho de la UNLP, colaborador del ing. Alejandro Bunge, Director de la Oficina de Estadística de la SRA (1922), becado por el gobierno de Alvear para una misión a Australia y Nueva Zelanda (1923-1924), subdirector de Estadística de la Nación, Director de la Oficina de Investigaciones Económicas del Banco de la Nación Argentina (1927), Subsecretario de Hacienda durante el gobierno del Gral. Uriburu (1930), miembro de la delegación argentina ante la Conferencia Económica Mundial (1933), miembro de la misión negociadora del Tratado Roca-Runciman, asesor de los ministros de Hacienda y Agricultura (1933-1935), gerente general del Banco Central de la República Argentina (1935-1943).
[6] Augusto Lenhardtson. Proyecto y datos estadísticos para la formación de una compañía de graneros a silos, sistema norteamericano "elevadores". Buenos Aires, Imprenta y Enc. Roma, 1896.
[7] En 1913, el diputado J. García González presentó un proyecto de 33 artículos para licitar la construcción y explotación de elevadores en Capital Federal y varias provincias. En 1915, el ministro de Agricultura Horacio Calderón impulsó un proyecto más amplio que preveía el diseño de una red de elevadores y secadores de granos regionales y terminales, apoyándose en el asesoramiento de José Botto, estudioso e introductor de modelos norteamericanos. En 1920, el diputado Sabá Z. Hernández solicitó la construcción de galpones graneros con elevador para secar y limpiar cereales en los puertos y estaciones de ferrocarril para ser entregadas a cooperativas y eliminar la intermediación de comerciantes. El mismo año, los diputados Arturo Bas y Roberto Marcelino Ortiz insistieron con otro proyecto que impulsaba la construcción de almacenes y elevadores de granos en todos los centros agrícolas ya fuera por parte del Estado o de particulares. Volvió a ser tratado en 1922, sin resultado positivo. El presidente Alvear envió en 1923 un proyecto para la creación de una "Comisión de contralor del comercio de productos agropecuarios" que incluía un capítulo sobre depósitos de granos. Ninguno de ellos obtuvo sanción.
[8] Proyecto Ramos Mexía, 1912 (En: Informe Mihura, 1928: 217). Ezequiel Ramos Mexía fue junto a Miguel Ángel Cárcano uno de los precursores de la aplicación del modelo canadiense en la Argentina.
[9] Fernández López, Manuel, 1991; Nota preliminar: XIV.
[10] Solberg, Carl, 1981: 14. Para un estudio sobre la cuestión del desarrollo en la perspectiva argentina y canadiense, ver Lucchini, Cerra y Blanco, 1999. Para la industrialización canadiense, Lucchini, 2003.
[11] Ver Solberg, Carl, op. cit., cuadro 10.
[12] Ver Informe Mihura, 1928: 41.
[13] Gravil, Roger, 1970-1971; Malgesini, Graciela, 1986-1987.
[14] Gravil, Roger, 1970-71: 397-399.
[15] Duhau, Luis, 1927: 36.
[16] Prebisch, Raúl; citado en Pollock, David (op. cit.): 552.
[17] Duhau, Luis, 1927: 89-91.
[18] Informe Mihura, 1928: 44.

XII Encuentro de Cátedras de Ciencias Sociales y Humanísticas para las Ciencias Económicas (Buenos Aires, junio 2005)




Imágenes del Canadá. Visiones de la clase dirigente argentina en el período de entreguerras: Duhau, Prebisch, Leguizamón.*

Prof. Gustavo A. Pontoriero (CBC-UBA)

E-mail: gpontoriero@yahoo.com.ar


*Ponencia presentada en el marco del V Simposio sobre Desarrollo e Industrialismo "Hechos e ideas en una primera aproximación comparativa a propósito del desarrollo de tres países medianos: Argentina, Australia y Canadá".


1- Introducción

En comunicaciones anteriores[1] hemos revisado, en general, la influencia del modelo canadiense en diversos proyectos de reforma a la legislación argentina sobre almacenaje y comercialización de granos, elaborados en las primeras décadas del siglo XX. En esta ponencia profundizamos su impacto sobre la élite dirigente argentina a partir de las impresiones de algunas figuras relevantes que visitaron el Canadá en la primera mitad del siglo XX, impulsando su conocimiento en la Argentina y proponiendo la adaptación de algunos aspectos de su organización económica e institucional. En este avance de la investigación, presentamos los aportes de Luis Duhau, Raúl Prebisch y Guillermo Leguizamón, quienes recorrieron el Canadá en 1927 y trabajaron ampliamente para difundir sus avances tanto en el campo como en el sector industrial. Ellos destacaron el papel del Estado en el ordenamiento legal de la comercialización de cereales, los beneficios de una red de elevadores de granos concebida como servicio público y el aumento de la productividad agrícola como requisito para el desarrollo industrial.

Luis Antonio Duhau había nacido en Buenos Aires en 1887, donde falleció el 9 de abril de1963. Obtuvo su título de Ingeniero Civil por la Universidad de Buenos Aires, desarrollando en esa etapa una amplia actividad deportiva, social y dirigencial. Socio del Círculo de Armas y del Jockey Club, miembro de una de las familias más poderosas de la élite terrateniente, propietaria de tierras en los partidos de Colón, Guaminí, Dolores y Gral. Conesa, con más de 110.000 ha., su propia actividad ganadera lo llevó a la presidencia de la Sociedad Rural Argentina durante el período 1926-1928. En 1927 fue designado miembro del Directorio del Banco de la Nación Argentina y ese mismo año visitó Canadá junto a Raúl Prebisch. Dirigente conservador de la provincia de Buenos Aires, tuvo un fuerte protagonismo en la reorganización de la Federación Demócrata Nacional luego del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. Electo diputado en 1932, fue designado Ministro de Agricultura durante el gobierno del Gral. Agustín P. Justo, entre 1933 y 1935. Luego de los debates por el negocio de las carnes y el escándalo provocado por el asesinato del senador electo Enzo Bordabehere, en el cual se vio directamente involucrado, dejó su cargo y volvió a la actividad privada. Ocupó más tarde la presidencia de la Asociación Argentina Criadores de Shorthorn, entre 1939 y 1941. Activo deportista, como dato curioso, integró a principios de siglo un famoso equipo de fútbol (Estudiantes de Buenos Aires) y el primer equipo de rugby formado por argentinos nativos (Facultad de Ingeniería). En 1958, fundó la Agrupación Veteranos de Rugby de la República Argentina junto a Hernán Davel, Carlos Morea, George F. Elliott y Manuel Fresco, entre otros.

Raúl Federico Prebisch había nacido en Tucumán en 1901 y falleció en Santiago de Chile en 1986. Alcanzó su título de Contador Público en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, fue docente en ella y en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata, colaborador de la Revista Argentina de Economía editada por el ing. Alejandro Bunge y director de la Oficina de Estadística de la Sociedad Rural Argentina (1922). Becado por el gobierno de Marcelo T. de Alvear para una investigación sobre la realidad económica de Australia y Nueva Zelanda (1923-1924). En su dilatada carrera en la función pública ocupó numerosos cargos: subdirector de Estadística de la Nación, Director de la Oficina de Investigaciones Económicas del Banco de la Nación Argentina (1927), Subsecretario de Hacienda durante el gobierno del Gral. Uriburu (1930), miembro de la delegación argentina ante la Conferencia Económica Mundial de Londres (1933), asesor técnico de la misión argentina que negoció el Tratado Roca-Runciman (1933), asesor de los ministros de Hacienda y Agricultura (1933-1935), gerente general del Banco Central de la República Argentina (1935-1943). Luego del golpe del 4 de junio de 1943, continuó su carrera en organismos internacionales como la CEPAL y la UNCTAD. Retornó brevemente al escenario político argentino en dos ocasiones: asesorando al gobierno de la "Revolución Libertadora", en 1955-1956, y al de Raúl Alfonsín, en 1984-1985.

Guillermo Eduardo Leguizamón, ingeniero, era un conservador catamarqueño, notorio miembro de los grupos económicos y financieros vinculados al capital británico. Fue presidente del Ferrocarril del Oeste y en 1927 visitó los Estados Unidos y el Canadá junto a directivos de la compañía. Al regreso fue designado por el presidente Marcelo T. de Alver y su ministro de Agricultura Emilio Mihura al frente de la Comisión Especial del Régimen de Elevadores de Granos (1928). El informe que produjo recomendaba ampliamente la adaptación del sistema canadiense y fue la base de las reformas legislativas de la década del treinta, impulsadas y aplicadas por Luis Duhau y Miguel Ángel Cárcano. Precisamente con este último compartieron meses de trabajo como ministros plenipotenciarios de la Misión Roca (1933), así como con Raúl Prebisch en su rol de asesor técnico. Publicó varios artículos sobre la cuestión de los elevadores, el modelo canadiense y la situación del comercio mundial de granos, entre 1927 y 1932.


2- Las visiones de Luis Duhau y Raúl Prebisch

A fines de 1926 la Comisión Directiva de la Sociedad Rural Argentina llevó a cabo su última reunión ordinaria[2]. En esa ocasión, su secretario, el Dr. Cárcano[3] comunicó la invitación cursada por la Unión Panamericana para participar de su Tercera Conferencia Comercial. La misma se realizaría en los Estados Unidos entre el 2 y el 5 de mayo de 1927.

Aunque en principio los dirigentes habían pensado enviar a un representante de segunda línea, los graves problemas planteados por la política arancelaria norteamericana para las exportaciones de carnes, maíz, semilla de alfalfa, lino y frutas, impulsaron un cambio de estrategia. El propio presidente de la SRA, el Ingeniero Luis Antonio Duhau, viajaría al país del norte para presentar los reclamos del sector ante distintas instancias. Luego de la gira por los Estados Unidos, preveía "visitar el Canadá y estudiar sobre el terreno la organización del comercio de cereales y de los pools canadienses"[4]. Entre enero y marzo de 1927, Duhau realizó consultas con el ingeniero Alejandro Bunge y el propio Cárcano, pero finalmente le encargó a Raúl Prebisch la redacción de una serie de informes con fuerte base estadística. Éste se había desempeñado como asesor de la Sociedad Rural a principios de la década y había retornado bajo la gestión de Duhau, integrando distintas subcomisiones como la de Estadística (junto a Cárcano, Bunge y Ernesto Malaccorto), la de Comercio de Carnes al Exterior (con el vicepresidente de la SRA, Eduardo Drabble y Jorge Santamarina) y la Comisión de Defensa de la Producción (compuesta por el Dr. Enrique Uriburu, Bunge, Cárcano, Luis Colombo y Alberto Hueyo, entre otros).

El 9 de abril de 1927, ambos se embarcaron hacia los Estados Unidos uniéndose al resto de la misión argentina: Carlos Marino, secretario de la Delegación; Manuel G. Durand, representante del gobierno de Alvear; Juan A. Briano[5], miembro de la Comisión del Ferrocarril Panamericano; Gonzalo O'Neill y Juan E. Capurro, por la Cámara Sindical de Comercio; R.L MacLellan, por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la República Argentina; y Carlos Alfredo Tornquist, representante de la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Confederación Argentina del Comercio, la Industria y la Producción (CACIP).

El lunes 2 de mayo, se iniciaron las sesiones en el edificio de la Unión Panamericana, en Washington, y Duhau fue elegido presidente de la Delegación argentina por el voto unánime de sus miembros. Durante el desarrollo de los debates, la postura argentina debió enfrentar las críticas del Secretario de Comercio norteamericano Herbert Hoover. Al día siguiente, Duhau expuso sobre "Inversiones de capitales extranjeros en la República Argentina": "Desde la guerra, los Estados Unidos han adquirido gran importancia como país acreedor. La República Argentina, por su parte, ha contratado en ellos empréstitos de carácter público y privado. Pero para abonar sus servicios financieros, no podemos enviar nuestros productos al mercado de la Unión, en razón de los fuertes derechos aduaneros que dificultan e impiden su entrada. (...) En virtud de tales hechos, no nos conviene fomentar las inversiones en la República Argentina, de capitales de aquellos países que gravan fuertemente las importaciones de productos argentinos"[6].

Ya en el Canadá, Duhau y Prebisch permanecieron varios días, durante el mes de junio, relevando datos sobre el terreno. Trabajaron en Winnipeg (Manitoba) y Regina (Saskatchewan) analizando el sistema de comercialización de granos. Ambos se deslumbraron ante el espectáculo de las praderas y la puesta en práctica de algunas ideas que en la Argentina se venían discutiendo desde fines del siglo XIX: "Los canadienses han colonizado eficazmente buena parte de sus enormes extensiones de tierras, han organizado el crédito agrícola, han establecido el comercio de cereales sobre bases económicas y eficientes. Y han hecho todo eso que nosotros tenemos en grado rudimentario o no tenemos, sin mayor efervescencia doctrinaria; como que la literatura de aquel gran país, sobre estos asuntos, es probablemente muy inferior a la nuestra, aunque su eficacia práctica no admite parangón"[7].

Prebisch revivió aquel viaje durante una entrevista realizada casi sesenta años después: "Recuerdo que primero visitamos el 'Wheat Exchange' en Winnipeg. Un viejito nos repetía insistentemente: 'Tienen que empezar a clasificar sus granos'. Después fuimos a Regina, Saskatchewan. (...) Vimos cómo clasificaban la calidad del grano en el elevador, y cómo ponían las muestras en pequeños contenedores. Y sobre la base de esto y del certificado dado al granjero por el elevador de campo, el granjero podía vender en Winnipeg. Así que había competencia en el mercado. El 'margen de intermediación' estaba sujeto a la competencia. Esto, para nosotros, era el factor principal: la organización interna del comercio del trigo, para evitar la arbitrariedad del comprador local"[8].

Poco después, Duhau telegrafió para comunicar su regreso en el vapor American Legion, anticipando su deseo de difundir el modelo canadiense a través de conferencias, folletos, películas y exposiciones [9].

El 11 de julio, la Sociedad Rural ofreció un banquete en el Plaza Hotel para recibir y homenajear a su presidente. La flor y nata de la élite argentina estaba presente aquella noche junto a representantes de la embajada norteamericana. Presidía el ex - ministro y ex - presidente de la entidad, Ezequiel Ramos Mexía, y fue Miguel Ángel Cárcano el encargado de reseñar la gira de Duhau.
Éste, por su parte, reconoció públicamente la colaboración de Prebisch y afirmó la posibilidad de buscar en el sistema canadiense una inspiración para las reformas necesarias en la Argentina: "El sistema de elevadores de granos de este país no sólo ha reducido el costo del movimiento de los cereales, sino que ha permitido establecer sobre mejores bases el crédito bancario. Pero la mayor ventaja del sistema estriba, sin duda alguna, en que ha contribuido a organizar un mercado en que la libre competencia obra sin fricciones y en forma activísima. Tenemos en este sentido, un largo camino a recorrer. Sin embargo, estos problemas no son nuevos para nosotros. Ya, en 1912 el entonces Ministro de Agricultura, Doctor Ramos Mejía, presentó su elaborado plan de construcción de elevadores. Pero nuestra despreocupación malogró esta progresista iniciativa. Como aquélla otra posterior del Dr. Le Breton sobre el comercio de cereales "[10].

Poco después, en la primera sesión de Comisión Directiva, los líderes de la Sociedad Rural recibieron un completo informe de la visita. Duhau manifestó que "venía entusiasmado de su viaje al Canadá pero que, sin embargo, no había visto nada científico sobre los 'Pools'. Que éstos están hechos más bien como consecuencia de la gran guerra que echó abajo los precios del trigo. Entonces fue cuando se pidió el establecimiento de los 'Pools'. Estos actualmente no están basados en ningún estudio. Todos han creído que el 'pool' subió el valor del trigo. Lo que ocurrió, en realidad, fue que coincidió su establecimiento con una mejora de precios. Mucho más importante que el 'pool' es la organización técnica del comercio de cereales, que es interesantísima para la República Argentina: desde la administración, peso del cereal, tarifa que cobran los elevadores, mercado a término en las operaciones en grano, crédito, etc. Un molinero de Inglaterra que compra en el Canadá recibe del comisionista el cupón y los certificados y el empleado del Gobierno entrega su boleta de salida, combinando sus compras con el flete disponible. Lo maravilloso que tiene la organización referida es la Ley, una ley previsora. Las ventajas que tiene son de una organización fundamental en el crédito y en la competencia. El mercado es libre, el Estado con la Ley ha organizado nada más que el mercado y ha dejado el comercio libre. Pienso dar una conferencia sobre elevadores de granos, y en esa oportunidad abundaré en datos sobre la organización de los mismos en el Canadá"[11].

Dos semanas más tarde, el 7 de agosto de 1927, Duhau asistió a la inauguración de la 27ª Exposición Nacional de Ganadería de Rosario y cerró la serie de discursos con una arenga a favor de la modernización del sistema de almacenaje y comercialización de granos. "Cabe señalar en esta materia el esfuerzo que desarrolla actualmente la Sociedad Rural Argentina a favor del empleo de los métodos que están dando resultados tan satisfactorios en otros países. Canadá ha sido particularmente objeto de mi atención, en el viaje que acabo de realizar. Es realmente inconcebible que sistemas tan simples y tan perfectos no hayan aún sido aplicados a nuestro país. Allí se usa el sistema de elevadores de granos que elimina el empleo costoso de la bolsa, que reduce el costo del manejo del cereal, que permite limpiar y secar los granos a precios reducidos y, por último, los almacena en los puertos de embarque, adonde todos los consumidores del mundo recurren a comprarlos en activa competencia". (...) No es el caso de analizar, en esta circunstancia, las deficiencias de nuestra organización. Son harto conocidas de todos. Producimos cereales y no tenemos donde almacenarlos. Nos vemos precisados a entregarlos no bien se producen, a cualquier precio. Tiramos nuestra cosecha sobre el mostrador. Si los ferrocarriles nos otorgan wagones nuestro cereal no tiene defensa y debe ser embarcado en cuanto llega al puerto. Si no obtenemos material rodante los granos se pican y merman, cuando no se pudren en nuestras chacras. Por ello, la Sociedad Rural Argentina se ha dedicado al estudio de este importante problema y espera vuestra cooperación para su mejor solución"[12].

A fines de 1927, al presentarse la Memoria y Balance del Ejercicio 1926/1927, se reafirmó la importancia del tema elevadores. Bajo el título "Cuestiones Agrícolas - Comercialización de Cereales - Elevadores de Granos" se consignaron las palabras de Duhau en Rosario y se dio a conocer la designación del Dr. Enrique Uriburu[13] para encarar un "estudio de adaptación a nuestro país" que debía estar terminado para mediados de 1928. También se anunciaba la presentación de Duhau en una importante conferencia sobre su visita al Canadá, "en la que se exhibirán cintas cinematográficas sobre el funcionamiento de los elevadores de granos. Esas mismas cintas constituirán un eficaz instrumento de propaganda en nuestro país"[14].

El 8 de febrero de 1928, Duhau pronunció una extensa conferencia en el Salón de Actos de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Los invitados pudieron asistir a una verdadera clase magistral sobre el estilo de vida y el trabajo agrícola de los canadienses, mientras se proyectaban imágenes que ilustraban la cosecha, la utilización de maquinaria agrícola, la planificación de los servicios ferroviarios, el uso de elevadores de campaña y terminales, la clasificación de granos, la intervención de los inspectores gubernamentales, etc.

La Sociedad Rural publicó unos 40.000 cuadernillos de aquella conferencia, con la inclusión de fotos, los cuales fueron repartidos en forma gratuita entre los productores de todo el país. Hasta la misma Federación Agraria Argentina colaboró en la tarea de difusión proporcionando su propia lista de asociados en cuatrocientas seccionales. Las sociedades rurales del Interior, que contaban con ocho mil productores adheridos, facilitaron también la distribución del material[15].

En mayo de 1928, la Sociedad Rural organizó la V Exposición Nacional de Granja. Duhau no dejó pasar la oportunidad para reforzar su discurso sobre la necesidad de adaptar el modelo canadiense[16]. En la ocasión se presentaron varios stands dedicados al Canadá y su sistema de comercialización de granos. "En amplias y luminosas telas representando a un lado elevadores de granos de campaña, al otro trigales espigados y más allá el entrecruce de las vías férreas y el elevador terminal, convergiendo todo hacia el gran mercado de consumo. Se ofrecía un escenario de gran efecto, donde el espectador pudo seguir la marcha del grano, tal cual se comercia en el Dominio del Canadá, mediante letreros explicativos referentes al sistema preconizado"[17].

Durante los años treinta, Duhau tendría la oportunidad de impulsar e implementar varias de las ideas expuestas como miembro de la Comisión de Legislación Agraria de la Cámara de Diputados y luego como ministro de Agricultura.


3. Los aportes de Guillermo E. Leguizamón

El 9 de diciembre de 1927, se publicó en La Nación una breve reseña del viaje que Leguizamón realizara a los Estados Unidos y al Canadá junto a James Calder Angel, director del Ferrocarril del Oeste. La Revista de Economía Argentina recogió una serie de informes que Leguizamón redactara específicamente sobre el Canadá, los cuales constituyen, junto a su trabajo posterior como presidente de la "Comisión Especial sobre Elevadores de Granos", el principal aporte que hizo a la difusión de la realidad canadiense en la Argentina.

En el primero de dichos reportes[18], Leguizamón declaraba que el motivo principal del viaje al Canadá había sido estudiar sus políticas de inmigración y colonización, dado que el Ferrocarril del Oeste se había propuesto aumentar su tráfico de cargas, apoyando el desarrollo de granjas mixtas en el interior del país. Luego de presenciar y estudiar detenidamente la recolección de las cosechas de trigo y avena, los visitantes asistieron a los festejos del Jubileo de la Confederación y recorrieron la Exposición Nacional de Toronto.
Gracias al apoyo de las autoridades federales y provinciales, pudieron recoger "observaciones fundamentales, las que, evidencian fácilmente de por sí cuáles son los factores del maravilloso adelanto actual del Dominio"[19]. Tres factores decisivos encontraba Leguizamón en aquel despliegue fabuloso: las inversiones estadounidenses, el fuerte espíritu cooperativista y la concreción de un amplio plan de obras públicas: "El capital invertido durante sesenta años en los ferrocarriles argentinos es inferior a la mitad de lo invertido por los capitalistas norteamericanos y británicos durante los últimos cinco años en el Canadá"[20].

El papel del Estado fue destacado por Leguizamón al comentar la compra del Grand Trunk Railway y otras líneas secundarias luego de la Gran Guerra. Con el objetivo de evitar su quiebra, el Estado federal había convertido dichas compañías privadas en la estatal Canadian National Railways, utilizándola como palanca del desarrollo en varias regiones del interior, aunque impidiendo una competencia ruinosa con el capital privado. "Tanto el Canadian National como el Canadian Pacific están construyendo alrededor de diez mil kilómetros por año, aparte de haber levantado esas empresas los hoteles más grandes y lujosos"[21].

Como Duhau y Prebisch, también Leguizamón se deslumbró con el sistema de elevadores de granos que observó en el Canadá y se convenció definitivamente sobre la urgencia de adaptar el modelo a las necesidades argentinas. Si bien en este primer informe sólo parecía una declaración voluntarista, sus artículos y conferencias posteriores nos muestran cómo Leguizamón había estudiado el problema.

En un memorandum posterior, breve pero directo, advertía sobre la imperiosa necesidad de bajar los costos de producción de los cereales en la Argentina[22], como requisito básico para sostener la presión de los competidores canadienses en el mercado mundial. Atacando el sistema de bolsas utilizado en el país, Leguizamón proponía "la construcción de un tipo de pequeño Elevador de campaña, que hemos visto a través de todo el Canadá" en cada estación de zonas agrícolas, con una capacidad media cercana a las 1.000 toneladas. Advertía sobre la posible oposición entre los exportadores y los comerciantes de cereales locales, así como seguramente entre los fabricantes y comerciantes de bolsas.

Pero creía que tanto el Gobierno como las compañías ferroviarias y los productores apoyarían este plan, aunque estimaba que la principal cuestión sería determinar quién se haría cargo de su construcción y administración. Para Leguizamón, no existían dudas al respecto: "...deben ser obra del Gobierno Nacional, porque se establecerán dentro de las estaciones que están sometidas a la jurisdicción federal y constituyen un elemento del comercio interprovincial. Es claro que el Gobierno Nacional podrá contratar con empresas particulares su construcción y explotación, reservándose el derecho de establecer las reglamentaciones convenientes con respecto a clasificación, tarifas, etc. Pensamos que el mejor sistema de explotación sería sin duda el canadiense, creando un Board en el cual estén representados los productores, los ferrocarriles, los bancos y quizás los exportadores, presidido por un funcionario imparcial que designaría el Gobierno"[23].

Leguizamón tuvo contacto con funcionarios y dirigentes de primera línea, entre ellos el Ministro de Colonización e Inmigración, Mr. Forke; el Ministro de Comercio, James Malcolm; el ex -Ministro de Agricultura y Presidente de la United Producers Co., Thomas A. Crerar; y William Jackman, Director del Canadian Wheat Pool. Recorrió una extensa región, de Quebec a Vancouver, pasando por Toronto y Montreal, observando además las características del programa de colonización en los alrededores de Winnipeg, Regina y Calgary. Los resultados le parecieron excelentes e impulsó su adopción en la Argentina [24].

El 3 de agosto, ya como presidente de la Comisión Especial sobre Elevadores de Granos, se presentó en el Instituto Popular de Conferencias y expuso ampliamente sobre el modelo canadiense[25], ilustrando al auditorio con fotografías y filmaciones. Describió minuciosamente el sistema de la cosecha, manipulación, almacenaje y comercialización de granos, destacando el papel de los distintos sectores involucrados: cooperativas de productores, ferrocarriles, elevadores, bancos, organismos gubernamentales. Pero destacó fundamentalmente el papel del Pool triguero: "Esta asociación cuya eficiencia y capacidad financiera crece anualmente en forma casi fantástica, sólo tiene cinco años de existencia, y debe su origen a un ensayo realizado por el gobierno durante la última guerra europea, de vender todos los productos agrícolas directamente. (...) un organismo de cooperación digno del más encomiable aplauso. ¡Qué lejos están nuestros agricultores de alcanzar el grado de desarrollo de sus congéneres, situados en el extremo norte del mismo hemisferio, y sin embargo, no es imposible, ni siquiera difícil, realizar un esfuerzo igual! A esta conclusión llegan mis observaciones. El primer paso para ponernos en seguimiento de los agricultores canadienses es la construcción inmediata de elevadores, porque sin ellos no es posible alcanzar la cumbre"[26].

Como ya fue señalado, Leguizamón consideraba que sólo el Estado estaba en condiciones de encabezar la tarea de construir y administrar un sistema completo de elevadores terminales y de campaña, unas mil unidades en total con capacidad para almacenar casi dos millones de toneladas. Pero, a diferencia de posturas extremas que se plantearon en los debates parlamentarios de 1932-1933, Leguizamón rechazaba la idea del monopolio estatal y creía necesaria la participación del sector privado, sobre todo del movimiento cooperativo[27].

4- Conclusiones

Consideramos que en esta síntesis hemos reflejado la influencia que la realidad canadiense ejerció sobre algunos miembros de la élite dirigente argentina que desempeñaron un papel fundamental en las políticas económicas aplicadas en el período de entreguerras. Si bien estos cambios se impulsaban desde los primeras décadas del siglo XX, la acción de un grupo dirigente aceleró la transformación trabajando desde la difusión, el lobbying y la acción corporativa y política. Duhau, Prebisch y Leguizamón representan sólo una parte de ese grupo, aunque con un protagonismo especial, como hemos visto, por su actuación en distintos ámbitos y momentos claves de la política nacional. A ellos podría sumarse el ingeniero Ricardo Videla, agente del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, que visitó el Canadá y los Estados Unidos en 1921 con el objeto de estudiar sobre el terreno la organización del comercio de granos. Videla, miembro de la Comisión Especial sobre Elevadores de Granos presidida por Leguizamón, era un conservador mendocino, líder del Partido Demócrata y gobernador de esa provincia en los años treinta. Tanto su desempeño en el sector ferroviario como su conocimiento directo de los países de América del Norte fueron factores fundamentales que lo acercaron a Leguizamón. Nuestra investigación se propone incorporar su visión y sumar los aportes de dirigentes y funcionarios canadienses que visitaron la Argentina durante el mismo período.




Bibliografía

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Unión Panamericana (1927). Acta de la Tercera Conferencia Comercial Panamericana. Washington, Unión Panamericana.


Notas

[1] Pontoriero, 2004a y 2004b.
[2] Acta nº 1441 - Sesión de la Comisión Directiva del 18 de abril de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXI, vol. LXI, nº 10, 15 de mayo de 1927: 529).
[3] Miguel Ángel Cárcano (1889-1978). Nacido en Buenos Aires. Secretario de la Sociedad Rural Argentina (1926-1928). Socio del Círculo de Armas. Miembro de la Ac. Nac. de Cs. Económicas y de Agr. y Veterinaria. Abogado, historiador, diplomático y escritor, fue también hacendado con establecimientos situados en Córdoba. Titular de la cátedra de Régimen Agrario en la Fac. de Ciencias Económicas de la UBA, desarrolló una amplia producción sobre la materia. Participó en la vida política nacional, siendo elegido diputado por el Partido Demócrata Nacional (1929, 1932-1934). Representante en las sesiones preparatorias de Ginebra, en la Conferencia Económica Mundial de Londres (1933) y en la delegación que negoció el Tratado Roca-Runciman (1933). Presidente de la Comisión Negociadora del Convenio Arancelario con Gran Bretaña (1933). Sucedió a Duhau como Ministro de Agricultura y Ganadería (1935-1938). Frustrada su candidatura a vicepresidente para acompañar a Roberto Ortiz, se hizo cargo de las embajadas en Francia (1938-1942) y en Gran Bretaña (1942-1946). Presidente de la "Mala Real Argentina" (1951). Ministro de Relaciones Exteriores durante la presidencia de A. Frondizi.
[4] Acta nº 1441.
[5] Juan Ángel Briano, Ingeniero Civil (UBA), especializado en vías de comunicación. Nacido en Buenos Aires, el 15 de septiembre de 1877. Profesor en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad de La Plata, de la cual fue también decano hasta 1940. Funcionario del Ministerio de Obras Públicas (1904), dirigió la construcción del ferrocarril entre Puerto Deseado y Nahuel Huapí, Jefe de la División Construcciones de la Dirección General de Ferrocarriles (1911), Jefe del Ferrocarril Rosario-Mendoza (1912), vicepresidente del Touring Club Argentino (1956). Autor de varias obras sobre su especialidad.
[6] Duhau, 1927a: 42-43.
[7] Duhau, 1928a: 7.
[8] Pollock, Kerner y Love, 2002: 552.
[9] Acta nº 1446 - Sesión de la Comisión Directiva del 23 de junio de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXI, vol. LXI, nº 15, 1º de agosto de 1927: 781)
[10] Duhau, 1927a: 89-91.
[11] Acta nº 1448 - Sesión de la Comisión Directiva del 21 de julio de 1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 16, 15 de agosto de 1927: 839-841)
[12] Duhau, 1927b: 805.
[13] Uriburu venía trabajando desde los inicios de la gestión Duhau en un estudio sobre elevadores (Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 14, 15 de julio de 1927: 681).
[14] Sociedad Rural Argentina, Memoria del Ejercicio 1926/1927 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXI, vol. LXI, nº 22, 15 de noviembre de 1927: 1114-1115).
[15] Acta nº 1464, Sesión de la Comisión Directiva del 19 de abril de 1928 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, año LXII, vol. LXII, nº 12, 15 de junio de 1928: 721-722).
[16] Duhau, 1928b: 4-6.
[17] Sociedad Rural Argentina, Memoria del Ejercicio 1927/1928 (En: Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año LXII, Vol. LXII, nº 22, 15 de noviembre de 1928: 1074).
[18] Leguizamón, 1928a.
[19] Idem: 72.
[20] Ibidem: 72.
[21] Ibidem: 72.
[22] Un lugar común en la literatura de los años veinte y que se acentuaría con el estallido de la crisis y la posterior depresión. Ver, p.ej., Malaccorto (1925) y Leiserson (1929).
[23] Leguizamón, 1928b: 93-94.
[24] Leguizamón, 1928c: 100. "Como resultado de nuestras observaciones, consideramos aconsejable contratar dos de los Field Superintendents Canadienses para que sirvan de instructores para la aplicación de nuestro plan en el F.C. Oeste, dada la magnífica experiencia que ellos tienen. Estos inspectores tienen un salario que oscila alrededor de pesos 1.000 oro por año, más gastos de movilidad (automóvil, nafta, repuestos, etc.) y expensas. Esos mismos inspectores podrían encargarse después de visitar la Argentina de reclutar en la Gran Bretaña, con éxito, agricultores para la Argentina. En la eventualidad de que se adoptara esta sugestión, hemos conversado ya con Mr. Ewart de Regina, quien no cree difícil proporcionarnos dos jóvenes capaces. Las Observaciones que hemos hecho en esta visita y las conversaciones que hemos tenido con farmers nos permiten pensar que es posible llevar familias británicas a la Argentina, con buen resultado, si aplicamos las prácticas del Canadá."
[25] Leguizamón, 1928d.
[26] Leguizamón, 1928d: 206-208.
[27] Idem: 210: "La construcción de terminales debe hacerse respetando lo que las entidades privadas han hecho hasta el presente, al amparo de la Ley nacional nº 3.908, no sólo porque el monopolio del servicio de elevadores terminales sería antieconómico, sino también para dejar estímulo a la iniciativa particular, a la cual se debe lo poco con que el país cuenta a este respecto". En el informe final de la "Comisión Especial sobre Elevadores de Granos" (1928e: 36), Leguizamón y sus colaboradores realizaron un arduo trabajo de recopilación legislativa y estadística, consultas a los sectores involucrados y comparación con otros países. Sus conclusiones, sin embargo, mostraron algunos cambios con respecto a las apreciaciones comentadas más arriba. Se descartaba la posibilidad de la explotación privada o por cooperativas al inclinarse por una entidad autónoma oficial: "La Comisión considera que (...) en la práctica ha fracasado en el país en lo que a elevadores de campaña respecta, pues 28 años de vigencia de la Ley Nº 3908 por medio de la cual el Estado acuerda aquellas franquicias que el legislador creyó suficiente despertar el interés y la iniciativa privados, ha tenido por único resultado la construcción de 332.000 toneladas de capacidad terminal y sólo 28 elevadores de campaña, con una capacidad de 97.000 toneladas en total."
Con respecto al papel de las asociaciones cooperativas afirmaba: "No debe olvidarse tampoco que después de un cuarto de siglo de propaganda cooperativista, sólo contamos con 92 asociaciones rurales, que en realidad, son en buena parte únicamente de consumos"(1928e: 43)